Alberto Aceves

Ciudad de México. En cada Pumas-Guadalajara hay postales inolvidables. La lista es larga y está plagada de jugadores que dejaron huella en esta vibrante rivalidad. César Huerta lo hizo anoche en los cuartos de final de vuelta, celebrando el pase a semifinales (3-0, 3-1 global) y su participación en los goles con un camiseta en la que presume que es “Re hecho en CU”.

Es imposible comprender el nivel del equipo universitario sin Huerta, un jugador no formado en las categorías menores de Cantera. Miles de aficionados lo ovacionaron y salieron felices de verlo, sabiendo que al terminar la noche podrían seguir con los ojos ilusionados. Ningún otro sonido, como el “¡Olé, olé, olé, Chiiino, Chiiino!”, retumbó con tanta fuerza en la zona alta del Pebetero y sus alrededores. Tal vez el jalisciense no sea en sus desplazamientos el atacante más ordenado para los estrategas obsesivos, pero el Chino acude puntualmente a solucionar los problemas que produce la falta de gol.

La obligación de hacerlo, después de caer 1-0 en la ida en el estadio Akron, despertó en él un espíritu inquebrantable, ese rasgo que identifica a los jugadores diferentes. El silbante César Ramos determinó que Antonio Briseño desvió la primera jugada que tuvo a su alcance, pero el nuevo consentido de la afición auriazul fue determinante para que el centro de Robert Ergas terminara en un autogol del central rojiblanco (14).

El Rebaño se encontró ante la necesidad de crear consensos que abarcaran a todos sus jugadores, pero el resultado no fue otro que desidia. Apenas un remate desviado de Erick Gutiérrez, muy cerca del poste derecho de Julio González, permitió que el técnico Veljko Paunovic levantara la vista y creyera que algo mejor podía venir. Pero entonces Huerta, resistiendo un chaparrón de patadas a diestra y siniestra de los defensores rojiblancos, convirtió el 2-0 desde el manchón de penalti luego de una falta clara de Alan Mozo sobre Ergas (18).

El futbol que enorgullece a la afición felina, el de la garra y la mística, apareció finalmente en una Ciudad Universitaria que reunió a más de 44 mil 600 personas. Es un nuevo periodo de reivindicación. Pumas ha confeccionado un bastión de poder en el Chino, pero también liderazgos que en ocasiones son invisibles desde la tribuna, como el del argentino Lisandro Magallán y el capitán Adrián Aldrete. Todo gracias a la experiencia de El Turco Mohamed, un hombre que no olvida que el 29 de diciembre se cumplirán cuatro años de su último título con el Monterrey.

Para que no existiera ningún tipo de dudas con el 2-0, el uruguayo Gabriel Fernández enfrentó a los zagueros que le salieron al paso y, con un zurdazo pegado al poste sobre la línea del área chica, superó al portero Miguel Jiménez para marcar el tercero (64). En un intento desesperado por cambiar la historia, el serbio Veljko Paunovic recurrió al ingreso de Alexis Vega, a quien miles de personas gritaron “¡borracho, borracho!” en alusión a sus salidas nocturnas y múltiples indisciplinas. Vega, sin embargo, fue la imagen contraria a la de César Huerta: eclipsado y sin una sola coartada para marcar diferencia. Amaury Vergara y Fernando Hierro, dueño y director deportivo del Rebaño, observaron resignados desde su palco el colapso de un proyecto con el que soñaban el campeonato.

Sin ser un elemento de sangre puma, el Chino encendió el corazón de los auriazules. Fue el motor del emocionante “¡Cómo no te voy a querer!” que emergió desde las gradas y la firma más importante del pase a las semifinales.

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