Elena Poniatowska

Rafael Tovar y de Teresa era amable por naturaleza. Los puestos de responsabilidad los llevó con el señorío que no sólo le daba su apostura sino su buena disposición hacia los demás. Su carácter conciliador le hizo allanar muchas dificultades en el espinoso campo de la cultura en el que poetas y pintores están dispuestos a pulverizarse. Hombre culto, buen lector, escritor el mismo, autor de dos o tres libros sobre don Porfirio, El último brindis de don Porfirio, y otro sobre un don Porfirio que pasa de la paz al olvido, supo reconocer y apreciar a artistas que no le eran afines, quienes a su vez aprendieron a disfrutar de su compañía. Jamás fue mezquino o pichicato. Amar la música, finalmente, hace mejores seres humanos, y Rafael Tovar y de Teresa fue un melómano consumado.

Tuvimos un pariente en común: Maria Teresa de Polignac y, como mi prima hermana Yolanda de Guerriff de Launay se casó con Jacques de Polignac, bromeábamos acerca de esa tía que tenía una espléndida mesa de la que los comensales se levantaban como ballenas dispuestas a la siesta o al sueño reparador.

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