Víctor Flores Olea

Ciudad de México. Por supuesto, una cuestión a examinar con detenimiento es la catarata de insultos que aparecen apenas un líder latinoamericano propone una “vìa diferente” a la ya seguida del capitalismo neoliberal, que resulta la fórmula más conocida que se aplica para el pretendido desarrollo de nuestros pueblos.

Lo que ocurre es que no parecen discutirse, ni por asomo, las ventajas y virtudes de esta opción, y apenas aquí y allá, excepcionalmente, por algunos analistas reconocidos, se marcan las desventajas y y defectos descomunales de esta vía del desarrollo, que ha llevado a nuestras sociedades a enormes concentraciones de riqueza y a desigualdades también enormes, que no encuentran solución por tal camino.

Por otra parte, la moda está en denostar cualquier señal de vida que venga de la izquierda o de una democracia radical, que vaya más allá de las formulas estereotipadas del “actual orden jurídico” y proponga, aun en pinceladas gruesas, un tipo de de sociedad más igualitaria y justa.

En su momento fue Fidel Castro y su revolución, y el conjunto de revolucionarios que habían dado fin a la dictadura de Fulgencio Batista. Llegó también el momento de emprenderla en contra del chavismo y Venezuela, y por supuesto, del sucesor Nicolás Maduro.

Ahora, en México, en la mira de los más estúpidos y reaccionarios, está en primer lugar Andrés Manuel López Obrador, de quien el “archidemócrata” y “transparente” Vicente Fox acaba de decir “Yo me encargo de que AMLO no llegue a la Presidencia”.

En realidad, esta línea de coincidencias no debiera sorprendernos tanto. Quienes la encabezan están obviamente en la primera línea de defensa de los más acaudalados, que son ellos mismos o que comparten con los mismos intereses comunes. Y, desde luego, lo hacen desde la línea del “Imperio”.

En efecto, la sociedad de todos los tiempos parece ser un campo de batalla, o un campo de maniobras en que lo importante es subsistir con la cauda de intereses propios o de grupo, o de clase, para decirlo con más propiedad. Esto es bien sabido y no descubro ni siquiera una punta del hilo negro. Pero lo interesante, en cada caso, es la respuesta pública que se ofrece de cada lado del espectro.

Era previsible que con la llegada de Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos, éste la emprendiera contra las medidas de acercamiento entre Estados Unidos y Cuba que logró Barak Obama, su predecesor.

Como respuesta, ante el hecho bien previsible de la “nueva” hazaña de Trump, todos los cubanos de la isla pudieron ver y escuchar el acto por TV, al mismo tiempo que las autoridades afirmaron que están dispuestos a proseguir el “diálogo respetuoso” que han mantenido últimamente con Estados Unidos.

El caso de Venezuela ciertamente es más complicado, pero recomendamos ampliamente el artículo que publicó muy recientemente Ignacio Ramonet en Le Monde Diplomatique en español, en que nos habla de una mesa redonda que se llevó a cabo en el Council of Foreing Relations de Nueva York en el cual, entre otros temas puntuales sobre el chavismo, nos dice ¨que los ponentes, e incluso el moderador, trataron de instalar de inmediato el criterio de que el “sistema chavista” se estaba derrumbando, que eso era una cuestión de días, a lo sumo de semanas, y que el debate, según ellos, debía centrarse sobre el tema “¿por qué se desmoronó el chavismo?”.

Expresé de inmediato mi desacuerdo (afirma Ramonet). El chavismo, dije, no es sólo una corriente política, sino que es sobre todo una realidad sociológica mayoritaria en Venezuela. Pase lo que pase, el chavismo está, por largos decenios, instalado en el sentimiento de la población venezolana más humilde. Igual que el peronismo en Argentina”.

Por lo que hace a Vicente Fox, tal vez la mejor respuesta sea el silencio, ya que con estos personajes son inimaginables los diálogos. Un poco de estupor, sí, que las expresiones vengan de un personaje que ha sido Presidente de la República y que hoy -tal es el efecto de sus palabras-que niegan de manera soez algunos de los principios democráticos que se han ido construyendo en México con tanta dificultad. Pero así son las cosas, en esta gente priva más el interés de grupo (¿de mafia?) que la grandeza de la nación. Por cierto, ya Fox lo había probado cuando fue Presidente de la República.

Por lo que hace a AMLO, que los encuestadoras más serios califican en el primer lugar de los pronósticos para el 2018, incluso después de la derrota en el Estado de México, ¿o fue otra vez simplemente un fraude inaceptable?, han surgido decenas de voces sosteniendo que Morena y AMLO por sí sólos serían incapaces de triunfar en las elecciones del año próximo, y que les sería necesario, para vencer rotunda e indiscutiblemente a los adversarios, establecer una serie de alianzas no necesariamente con otros partidos políticos de la izquierda (sin excluir naturalmente esta posibilidad), sino con las fuerzas sociales y nacionales de la izquierda, pertenecientes o no a indeterminado partido político.

En otros términos, la victoria de la izquierda en México, en el muy próximo futuro, no dependería tanto de las formaciones políticas tradicionales como los partidos, sino más bien de frentes amplios coincidentes en sus valores políticos y sociales de izquierda, capaces de arrastrar a una ciudadanía más amplia que la de los partidos políticos de izquierda y que además, siendo de verdad masiva esta corriente, haría mucho más difícil, si no imposible, la realización del fraude que a esas alturas resultaría absolutamente intolerable. Y que sería una verdadera provocación a la ciudadanía por parte de los círculos del poder.

Por tales razones hoy ha surgido nuevamente a la discusión, en las proximidades del 2018, la cuestión de las estrategias actuales de la izquierda, volviéndose la vista cada vez con más insistencia y cúmulo de razones a la necesidad de la formación de un nuevo bloque histórico de las izquierdas (tal vez en el sentido de Gramsci), seguramente encabezadas por AMLO, que no sólo dependería de un partido político sino de una gran convergencia y unión de voluntades de la izquierda en sentido amplio.

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