Munich. Controles, vallas de seguridad, prohibición de acceder al recinto con mochilas. No dejarse dominar por el miedo pero estar, al mismo tiempo, preparados para lo que pueda pasar.
A pesar de que en Munich insisten en hablar de normalidad, lo cierto es que este año la celebración de la mayor fiesta de la cerveza del mundo, el Oktoberfest, va a ser muy diferente.
Los hoteles registran menos reservas, se cancelan mesas y algunos de los famosos que cada año cumplían religiosamente con la cita bávara rechazan en esta ocasión las invitaciones. El miedo a que se produzca un ataque durante la celebración del Oktoberfest ha ido en aumento.
Por motivos de seguridad se ha decidido acordonar la zona de los festejos y controlar a todos aquellos que accedan al recinto. Los bolsos grandes o las mochilas deben quedarse fuera.
Los recientes ataques perpetrados en Alemania han obligado a las autoridades a reformular su plan de seguridad.
El tiroteo perpetrado en julio en Múnich, así como la explosión suicida de Ansbach (sur del país) y la agresión con un hacha a pasajeros de un tren regional, dos ataques, estos últimos, que presuntamente tenían una motivación terrorista, han hecho saltar las alarmas.
“La seguridad es una prioridad”, reconoce el vicealcalde de Múnich, Josef Schmid, del partido socialcristiano CSU. El político señala que lo importante en esta edición es mantener la tranquilidad, no dejarse vencer por el terror y pasárselo bien.
La Policía insiste también en esta idea: “No existe ninguna amenaza concreta”.
No obstante, el ambiente que se respira días antes de que comience el Oktoberfest poco tiene que ver con el habitual. “Yo este año no voy a ir”, es una frase que se repite mucho entre los muniqueses.
Los hoteles registran una demanda baja. No en vano, todavía quedan habitaciones libres en las cercanías del Wiesn, el campo en el que se celebra la fiesta. Desde la asociación de hosteleros señalan que hay en torno a un diez o 15 por ciento menos de reservas que otros años.
Pero lo cierto es que el miedo a un ataque durante la celebración del Oktoberfest no es nuevo. En 1980, un radical de derechas hizo explotar una bomba que acabó con la vida de 13 personas.
Además, desde 2009, año en el que se registraron amenazas de la red terrorista Al Qaeda, hay tres cordones de seguridad.
En esta edición se instalarán bolardos electrónicos para evitar el acceso de automóbiles o camiones que puedan perpetrar un ataque similar al ocurrido en Niza, donde un hombre atropelló con un vehículo a la multitud que celebraba la fiesta nacional francesa causando la muerte a 86 personas.
Unos 450 profesionales se ocuparán de garantizar la seguridad en el Oktoberfest, son 200 más que normalmente. El Gobierno de la ciudad ha aumentado además su presupuesto en esta materia en unos dos millones de euros.
Las empresas de seguridad registran una gran demanda en tiempos en los que domina el terror y en el país reside una gran cantidad de refugiados. Según cálculos realizados por la prensa, este año la seguridad en el Wiesn costará unos 3,6 millones de euros.
Sin embargo, la dotación presupuestaria no genera grandes polémicas. El debate se centra, por ahora, en la idoneidad de colocar vallas móviles para cerrar el recinto.
Son muchos los que recuerdan la tragedia ocurrida en la Loveparade de Duisburgo (oeste del país) en julio de 2010, donde 21 personas perdieron la vida víctimas del pánico en una estampida humana.
En Munich hay quien piensa que estas vallas servirían para frenar una posible aglomeración. Otros opinan que en vez de proteger, obstaculizarían la entrada de ambulancias o bomberos en caso de incendio, ataque o accidente.
En la pradera en la que se celebra pueden congregarse hasta medio millón de personas. Durante el fin de semana, los controles se intensificarán y es previsible que se registren colas.
La Oktobertfest es la fiesta popular más grande del mundo. A ella acuden anualmente más de seis millones de personas provenientes de todos los rincones del planeta. Este año se celebrará entre el 17 de septiembre y el 3 de octubre.





