Luis Ricardo Guerrero Romero
Pero también odio el brandy, desde mi punto paladar es agraviante esa quemazón malograda de frutas, además me recuerda a mi padre que buscaba sanar sus desesperaciones con algo de eso, algo de aquello. Aunque también conocí a gente que nombró a sus mascotas así: Brandy. Siendo de esa manera, dándole posibilidad de ser a un animal, entonces me gusta el Brandy, pero no sólo brandy. Una mayúscula a veces lo cambia todo. Hay cosas que son mayúsculas por sí mismas, y otras que son a fuerza de nombrarlo, de hacerlo presente. Es el caso que ahora habita en mi cabeza, el nombre de Él.
Él, no sólo era un sujeto, fue una persona, habrá que ser claros que no todo hombre que respira ha de presumir el título de persona, pero Jonathan sí que lo fue. No sé, se me olvidó preguntarle si Él odiaba el brandy tanto como yo, pero seguro que las cosas que a mi me disgustaban a Él también le eran reprobables, la amistad a veces es complicidad, es piedad, es dar testimonio de vivir. Vivir como lo hizo Jonathan David. Ese joven Laderos Martínez, es un síntoma de vida, y ahora que inerte dejó en otro Oriente tu cuerpo, es antónimo de vida terrenal. No obstante, los que vivimos con Él, seguimos siendo con Él sus amigos.
Aristóteles entre las muchas cosas que omitió hablar fue sobre el brandy, lo cual me da gusto, aunque fuera eso un asunto anacrónico, pero me da gusto que ese Estagirita haya hablado de la amistad antes que darle una línea al brandy, el cual odio porque me recuerda a mi padre. A lo que iba es a decir, que, seguramente Jonathan David Landeros Martínez, alias el “Face”, no leyó el pensamiento del filósofo sobre la amistad, qué bueno. Nunca le hizo falta. Por ahora a Él le hará falta otro episodio, otro en el que yo no odie el brandy, otro donde nunca más muera. A mí, otro episodio, otro donde lo abrace mientras los tres reímos.
Seremos breves. El asunto ahora imperante es pensar en los episodios. La vida humana sólo ocurre o carece de episodios, quizás hay uno y su otro es el punto final. Los episodios son útiles para perpetuar una historia. ¿quién osa ser perpetuo? El episodio lo pretende. La voz en cuestión es una herencia griega: επεισοδος [apeisodos]> episodos> episodio: llegada, entrada, venida. Eso que anuncia un ahora, eso es un episodio. Por eso nuestra vida es un episodio, y nuestra muerte otro más. Lo que suceda ahora, y lo que ha de suceder después. Nos restan dos episodios. Después, a continuación. Cada respiración, cada mirada, es la oportunidad del episodio mismo. Seremos breves.





