Daniel López Aguilar
Rey Lear se restrena en el Teatro Helénico debido al éxito de su primera temporada. Luis de Tavira gobierna ahí un reino que cabe entero en una compañía teatral: está dispuesto a repartir sus dominios, pero no a ceder el derecho de decidir su rumbo.
Actor, director, dramaturgo y pedagogo, De Tavira protagoniza la tragedia de William Shakespeare. La historia comienza como una reunión familiar: antes de distribuir sus bienes, Lear exige a sus tres hijas que digan cuánto lo quieren. Goneril y Regan, interpretadas por Mariana Gajá y Mayra Batalla, pronuncian las palabras que su padre desea escuchar; Cordelia, a cargo de Diana Sedano, no consigue definir su afecto en esos términos y se aparta del juego. Esa negativa pone en marcha la historia.
El patriarca ocupa el centro de la escena, fija las reglas y espera que los demás se sometan a su voluntad. Angélica Rogel, responsable de la adaptación, traducción y dirección, encuentra en esa resistencia el núcleo de su lectura.
En entrevista con La Jornada, señaló que el personaje cede el poder a los 80 años, “más presionado por lo que implica llegar a esa edad que por querer hacerlo”. La condición impuesta a sus hijas se resume en una frase: “Si tú me amas, vas a hacer lo que yo quiera”.
En esta versión, Lear deja de ser monarca y pasa a ser director de una compañía teatral. No entrega únicamente los bienes o el espacio, sino “todo un legado, toda una forma de hacer teatro, todo un discurso”.
Heredar supone aceptar que quien recibe podrá elegir otro rumbo. Sin embargo, él se niega a dar ese paso. Para Rogel, “a lo que no quiere renunciar es a la identidad, al discurso que él tiene que dar, a la forma en la que él ve el mundo”. Dejar algo también exige asumir que otras manos lo tomarán y modificarán.
Lear intenta eludir esa consecuencia: reparte sus posesiones, pero pretende conservar a la gente que está a su servicio y permanecer al lado de sus herederas. En palabras de la directora, “está haciendo trampa”. Sus hijas, sin embargo, le dan la vuelta al juego y desarman sus condiciones.
Las formas del poder
La revisión de las convenciones isabelinas abrió otro frente. Según Rogel, en los tiempos de Shakespeare las mujeres no podían pisar el escenario y sus papeles eran interpretados por hombres. Al adaptar la tragedia, prescindió de las figuras masculinas que respondían por ellas para “darles voces a ellas, voces más potentes”.
Su interés rebasa la figura del soberano: “lo que me interesa del poder son las formas que tiene, más que el nivel de potencia y alcance”. En el ámbito escénico, ese dominio se manifiesta en las jerarquías, las lealtades y los egos, también en la resistencia a permitir la entrada de alguien más, la creencia de que un lugar corresponde a la persona más cercana y las fidelidades surgidas donde menos se esperan.
Esa estructura puede reproducirse en una familia, la política o una empresa porque refleja las maneras en que funciona la sociedad. El universo teatral permite examinarla mediante las relaciones de quienes comparten la escena.
La interacción de algunos personajes con el público despertó sonrisas. La función concluyó entre aplausos prolongados, con parte de la sala de pie. Para esta segunda temporada se incorporaron Erika de la Llave y Rodrigo Virago. Desde el escenario, el productor Óscar Uriel sostuvo que el montaje no habría sido posible sin la experiencia y la sabiduría teatral de Luis de Tavira.
Rey Lear ofrece funciones los jueves y viernes a las 20 horas, sábados a las 19 y domingos a las 18, en el Teatro Helénico (avenida Revolución 1500, colonia Guadalupe Inn, alcaldía Álvaro Obregón). La temporada concluirá el 4 de octubre. Los boletos cuestan 375, 525 y 750 pesos.







