Armando G. Tejeda
Madrid. El gobierno de Estados Unidos, a través de diplomáticos y de funcionarios de alto nivel del aparato de seguridad, presionaron tanto al Ejecutivo español, del socialista Pedro Sánchez, como al conjunto de la Unión Europea (UE) para que no sólo rompieran relaciones diplomáticas con el presidente legítimo de Venezuela, Nicolás Maduro, sino también para que reconocieran a Juan Guaidó como el nuevo mandatario del país.
Según revela el diario español El País, varios días antes de la operación orquestada por Washington para derrocar al gobierno bolivariano se intentó convencer al gobierno español para que secundaran su estrategia, al que convencieron pero sólo parcialmente.
El rotativo español cita al menos tres reuniones concretas en las que el gobierno de Donald Trump intentó maniobrar para que la UE y sobre todo España -socio privilegiado de Europa con Venezuela por los lazos históricos- rompiera relaciones con el gobierno de Maduro. Pero sobre todo para que respaldara la estrategia impulsada por el Consejo de Seguridad Nacional de Estados Unidos para imponer en la presidencia venezolana al joven líder de la oposición, Juan Guaidó.
El diario explicó en una información publicada por el área de Investigación, que “el pasado día 22, el secretario de Estado de Cooperación y para Iberoamérica (del gobierno español), Juan Pablo de Laiglesia, estaba de visita en Washington, donde se reunió con la subsecretaria de Estado para el Hemisferio Occidental, Kimberly Breier, y con responsables del Consejo de Seguridad Nacional. La situación de Venezuela, donde Nicolás Maduro había iniciado el 10 de enero su segundo mandato presidencial (en base a unas elecciones cuya limpieza niega la UE), estuvo sobre la mesa. Los interlocutores del diplomático español le anunciaron que se avecinaban ‘acontecimientos importantes’ en Venezuela, pero evitaron los detalles”.
Unas horas antes de que Guiadó se autoproclamara como presidente del país, el gobierno español fue informado y advertido a través de una llamada telefónica procedente de la Embajada de Estados Unidos en España, que dirige Duke Bucham III, un empresario que respaldó la campaña electoral de Trump y que tras su elección fue nombrado embajador para México y Andorra. Además ha sido una de las voces más entusiastas y enfervorecidas de la administración Trump para perpetrar el golpe de Estado contra Maduro. Incluso lo ha dejado patente por escrito, como en el artículo que escribió en el diario El Mundo ayer mismo, en el que advertía que “nuestras sanciones del 28 de enero contra el sector petrolero venezolano son las últimas de una larga lista de acciones para evitar que Maduro y sus corruptos cómplices se enriquezcan a costa de la población venezolana que sufre. Nuestro objetivo es una transición sin violencia e inmediata”.
La información del diario El País advierte además que el canciller español, Josep Borrell, recibió varias llamadas por parte de Estados Unidos para que cejara en su intento de crear un grupo de mediación en el seno de la UE para intentar conciliar entre el Ejecutivo de Maduro y la oposición política.
De hecho era la hoja de ruta planteada por el ex presidente español José Luis Rodríguez Zapatero, que lleva varios años trabajando en el país precisamente para recuperar el diálogo y la negociación.
Así lo relata el periódico español: “Borrell abandonó precipitadamente una conferencia en Casa de América para atender una llamada de la Embajada estadunidense en Madrid (el embajador, Duke Buchan III, quería verlo) y hablar con el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, en el Foro de Davos (Suiza)”.
Y añade: “El jueves 24 de enero, Borrell se reunió con el embajador Duke Buchan III. El representante de Trump le trasladó, según distintas fuentes, la importancia que Washington atribuye a España y Portugal en la crisis de Venezuela por su capacidad de arrastrar al resto de la UE. Y le planteó dos demandas: que reconociera de inmediato a Guaidó como presidente legítimo y que renunciara a mantener cualquier canal de diálogo con Maduro”.





