Pablo Espinosa
Este domingo culminó con apoteosis la temporada de Rey Lear, de William Shakespeare, en el teatro Helénico, adaptada y dirigida por Angélica Rogel, con una cátedra de actuación y poderío artístico del maestro Luis de Tavira en su trabajo de actor. Se cumplió, en palabras del propio De Tavira, “el enigma revelador del teatro, que es también metáfora del mundo”.
Divertida, conmovedora, imaginativa, la puesta en escena de Angélica Rogel conjuntó los talentos de un cuadro de actores alrededor de la hoguera que significó la presencia en escena de Luis de Tavira, personificando al Rey Lear.
Juego, la palabra juego está en juego todo el tiempo sobre el escenario, no solamente en la extraordinaria capacidad histriónica de la actriz Diana Sedano como Cordelia y también como el Bufón, y del resto del elenco,sino en los recursos de atrezzo, vestuario y todos los elementos reducidos a su mínima expresión, y por eso al máximo, como la música que hacen en escena percutiendo (como parte del final apoteósico, los actores saludaron las tablas del escenario en el momento de los aplausos, con golpes de las palmas de sus manos), los juegos de iluminación y los efectos varios, entre ellos la brutal tempestad, que nos hizo pensar en los niños que somos todos jugando a poner en escena nuestra imaginación.
El ludismo honorífico mayor: llamar en escena Maestro a Lear, no rey, Maestro, que es más digno que un rey.
Luis de Tavira es El Maestro. México le debe mucho. Durante décadas ha encabezado un vasto movimiento cultural. Verlo en escena es un privilegio. Por momentos, recuerda las acciones de los grandes músicos, los grandes directores de orquesta que se sientan a tocar el piano solista y desde ahí dirigir la orquesta.
El teatro es el arte de la vida, escribe Luis de Tavira en el programa de mano, lo demuestra en escena y expone como actor lo que valora del teatro de Shakespeare: “interesante, conmovedor y entrañable el mundo de Lear, siempre vigente”. Y eso queda patente en esta puesta en escena donde vemos nuestro mundo en el que vivimos.
Estamos frente a una puesta en escena destinada a quedar para siempre, aunque haya terminado temporada.
Estamos frente a una clase magistral de teatro dictada por Luis de Tavira, Maestro generoso y sabio.
Gracias, querido Luis. Gracias, Maestro.







