Javier Molina, corresponsal
San Cristóbal de Las Casas, Chis. El martes 9 de julio de 1985 fue la presentación de mi libro de poemas Muestrario. Me acompañaron Roberto Escudero, Víctor Roura y Rockdrigo González.
Roberto se refirió a la vigencia de la cultura del 68 y Víctor a la semejanza de los poemas con ciertas canciones de rock. La presentación terminó con Rockdrigo y su rock rupestre. Él es y será recordado siempre en esta fecha por su fallecimiento durante los sismos de septiembre de 1985. Roberto falleció inesperadamente el jueves 8 de este septiembre.
“El 1968 fue el año más vital de mi vida -afirmó en una entrevista realizada para un libro coordinado por Hermann Belinghausen y Hugo Hiriart (Pensar el 68)- Pienso, como ya se ha repetido mucho, que fue un parteaguas, de tal suerte que podemos hablar de México antes y después de 68. Sus efectos positivos me parecen evidentes: han cambiado las conductas morales de la juventud, ha cambiado la cultura, en el sentido más riguroso de la palabra, y también en el más amplio”.
Allí refiere: “Intervine en las conversaciones, discusiones más bien, con Andrés Caso y Jorge de la Vega Domínguez, representantes de de Díaz Ordaz…Se nos ofreció absoluta inmunidad, nos dijeron que teníamos un especie de excepción diplomática. Entonces sobrevino el 2 de octubre. A veinte años de distancia puedo decir que perdimos el tiempo discutiendo con ellos”.
José Revueltas, también integrante del Comité de Lucha de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM por aquel entonces, recuerda esos momentos: “Llega Roberto. Esos ojos suyos, tan expresivos y dolorosamente humanos, y en ese momento más tristes y rabiosos. Nos informa. Viene de la reunión con los emisarios del gobierno. Éstos han centrado sobre él la cosa, debido a la firma de Roberto en los últimos desplegados. Dice Roberto que están aterrados y que francamente plantearon la situación: el gobierno está dispuesto a todo, por la buena o por la mala…Se espera una gran provocación para el mitin del jueves. Discutimos y tomamos medidas. Todos sentimos una inmensa ternura, un amor desesperado hacia Roberto: sabemos lo que le espera, lo que nos espera y cada quien exige, pide, desea protección para él: cada uno de nosotros para el otro, no para sí mismo…Estamos dentro de un espacio y un tiempo inconmensurables, nuestros, personales e impersonales, despojados de nombre, sólo la voluntad pura, descarnada. Me siento triste y lleno de violencia. Venceremos. Venceremos (México 68. Juventud y revolución).
Escudero, por su parte, considera: “La fuerza represiva del gobierno fue su debilidad política; es en este preciso sentido en el que quiero reafirmar que el movimiento fue una victoria política inobjetable. En el corto y el mediano plazo, y no sin tropiezos, la evidencia es transparente; en el largo plazo es el pueblo el que tiene la última palabra, ni más ni menos que la de una democracia efectiva. No creo que de otra manera tenga significado esta historia”.
Los temores de Revueltas no eran infundados: él mismo y otras compañeras y compañeros fueron aprehendidos. Roberto relata su experiencia: “Posteriormente, cuando se acabó nuestra ‘inmunidad diplomática’, secuestraron a un cuñado mío y a un amigo suyo que no tenía nada que ver con el movimiento, así que después de una serie de vicisitudes bastante graves decidí asilarme en la embajada de Chile”.
Ahora recuerdo que Jaime Goded y yo lo acompañamos al aeropuerto en los primeros días de octubre de 1969. Al despedirlo le dí una revista. En una carta que me envió desde Santiago de Chile el 28 de noviembre de ese año escribe: “Mientras venía para estos lares en raudo jet, me puse a leer el cuento tuyo que salió en la Revista de la Universidadque me diste y me gustó a mares”.
Roberto Escudero era un excelente lector de poesía (él mismo publicó unos dos o tres poemas). Fue uno de los fundadores del grupo Miguel Hernández de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, Del campesino de Orihuela le gustaba pronunciar este verso: “Voy de mi corazón a mis asuntos”.





