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Se trata de un retrato irónico del cantante, a quien Tamayo inmortalizó haciendo el paso de baile tan característico de él, pues si se observa con cuidado hay cierta ironía, cuestionamiento y burla, añadió el también curador.
La presente ironía está centrada en el rostro del personaje, el cual conserva los rasgos del cantante, pero convertido en un personaje característico de un Tamayo de la posguerra, que cuestionaba la fisonomía exterior del hombre, confrontándola con la interior.
Pereda Gutiérrez aclaró que Tamayo nunca dijo que se trataba de un retrato de Jackson. A pesar de ello lo hizo después de ver un anuncio donde salía, que se dice se fascinó con la imagen y lo pintó. Este cuadro formó parte de una gira con obra de Tamayo que se exhibió en Rusia (Moscú y San Petersburgo), Noruega, Alemania, Estados Unidos (Nueva York) y que estuvo en México hasta tres años después de que lo pintó
Durante el tiempo que estuvo en itinerancia no pudo ponerse a la venta, por lo que se quedó en el acervo del propio Tamayo y ahora pertenece a una de sus sobrinas, quien lo prestó para la exposición.





