Juan Pablo Duch

Las negociaciones de Rusia, Ucrania y Estados Unidos en Abu Dabi, Emiratos Árabes Unidos, concluyeron este sábado sin avances hacia una solución negociada que ponga fin a la guerra ruso-ucrania, pero con el compromiso de volver a reunirse la semana próxima en el mismo sitio, tras realizar consultas en sus respectivas capitales.

No obstante, fuentes de la delegación ucrania, citadas por la prensa de su país, calificaron las negociaciones trilaterales de “positivas y constructivas”, en tanto la agencia noticiosa oficial rusa Tass aseguró que “hay resultados”, sin precisar cuáles. Aparentemente, rusos, ucranios y estadunidenses acordaron no dar detalles de las conversaciones hasta que se tengan resultados concretos y habrá que esperar las inevitables filtraciones interesadas.

Las conversaciones, que comenzaron el viernes con la mediación de los enviados de la Casa Blanca, Steve Witkoff y Jared Kushner, sirvieron para constatar lo que se sabía de antemano: que Rusia y Ucrania no se pueden poner de acuerdo en lo que se considera el principal escollo hacia la paz –el control sobre los territorios ocupados en Donietsk, Lugansk, Jersón y Zaporiyia, y sobre todo la parte de éstos que aún no ha podido conquistar el ejército ruso– y que ninguno quiere hacer concesiones que saquen del punto muerto las negociaciones.

Quedan muchos otros problemas por resolver, incluso los que no figuran en los 20 puntos del plan de paz del presidente estadunidense, Donald Trump, como son las garantías de seguridad que Gran Bretaña, Francia y otros países europeos están dispuestos a dar a Ucrania y que incluyen el despliegue de un contingente de pacificación, algo que Rusia ha dicho reiteradas veces que considera inadmisible porque estima que serían “soldados de la OTAN (Organización del Tratado del Atlántico Norte)” y una de sus demandas es que Ucrania renuncie a ingresar a la alianza noratlántica o a albergar tropas extranjeras en su territorio.

El hecho de que el grupo de negociadores que mandó Rusia hayan sido exclusivamente militares de alto rango –el vocero del Kremlin, Dimitri Peskov, confirmó que eran “funcionarios del ministerio de Defensa”, pero no quiso dar ningún nombre, salvo que el almirante Igor Kostiukov, director de inteligencia militar del ejército ruso, conocido como GRU por sus siglas en ruso, encabezaba la delegación–, sugiere a los analistas que se trataron asuntos técnicos, por ejemplo, relacionados con la ubicación de las tropas y el armamento de ambos en un eventual escenario de cese de hostilidades, después de que Moscú y Kiev sellen un acuerdo político para poner fin a la guerra.

La presencia entre los mediadores de Dan Driscoll, secretario del ejército de Estados Unidos, hace pensar que otro de los temas que discutieron rusos y ucranios fue la participación estadunidense en el monitoreo y verificación de un eventual proceso de finalización de la guerra.

Además, en favor de esta hipótesis, del otro lado de la mesa había también militares ucranios. Aparte de Rustem Umerov, jefe de los negociadores y secretario del Consejo Nacional de Seguridad y Defensa, participaron Kirylo Budanov, actual jefe de la Oficina de la Presidencia y antes director de inteligencia militar; Andrii Hnatov, jefe del Estado Mayor del ejército; Vadym Skibitsky, director adjunto de inteligencia militar; entre otros.

Las negociaciones se llevaron a cabo, según los medios de comunicación rusos, en “distintos formatos”, es decir, en varios grupos de trabajo que abordaron por separado los aspectos militares del plan de paz de Trump.

Frente a las presiones de Washington, Moscú y Kiev demostraron en la capital emiratí que no se niegan a negociar un arreglo político, aunque –opinan observadores– si no hacen concesiones recíprocas difícilmente se podrá avanzar hacia la paz.

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