Ciudad de México. Yair Israel Piña López, de 20 años, piensa que el conocimiento científico trae consigo un compromiso. “Conocer -dice este alumno de la UNAM que fue aceptado por la NASA como estudiante-investigador- nos obliga a difundir el conocimiento, a generar más y a incentivar a otros a que se acerquen a él”.
Estudia Física en la Facultad de Ciencias de la UNAM, donde cursa el quinto semestre. Prefiere que lo llamen Yair y cuando dice que le gusta leer artículos científicos en su tiempo libre, ríe. “Qué ñoño suena”, se burla un poco de sí mismo en entrevista realizada este miércoles en Ciudad Universitaria
La ciencia se la toma en serio. No sólo habla del compromiso del científico con la sociedad, sino que se dedica desde los 15 años a observar el universo. “Parte de mi curiosidad siempre fue observar. Quise observar el mundo a partir de sus partículas más elementales”. Así que cuando estudiaba en la Escuela Nacional Preparatoria 2 de la UNAM, empezó a desarrollar un detector de radiación. Y ha participado en otros programas académicos internacionales, como el Orión de la NASA, y ha sido invitado a integrarse al “Project Pilot Manager”, de la Universidad de Samara, Rusia.
Pero antes de dedicarse a la ciencia seriamente tuvo que verla casi como un juego. Su madre, Lourdes López Roldán, actuaria y profesora de matemáticas en la Prepa 2, fue la responsable de eso. Cuando era un niño le enseñaba matemáticas, así que creció viendo el lenguaje de los números como algo natural. “Me impulsaba a leer libros de matemáticas en lugar de leer cuentos de niños. Creo que eso despertó la curiosidad que hoy tengo por la ciencia”.
Uno de los libros que leyeron juntos fue el Baldor (Álgebra, del matemático cubano Aurelio Baldor). “Es un libro que siempre les da terror a los chicos de secundaria”, dice Yair, que aprendió con esas lecturas que las matemáticas son un lenguaje universal. “Me decía mi madre: puedes ir a China o a Alemania, en donde hablan idiomas distintos, pero las matemáticas son iguales. Y la naturaleza se escribe a sí misma a través de las matemáticas”.
Yair ha centrado su interés en la medición de la radiación. Además del detector que hizo en la preparatoria, ha trabajado en el Instituto de Ciencias Nucleares de la UNAM con el investigador Epifanio Cruz Zaragoza, al que considera su mentor y padre académico. Juntos desarrollaron un sistema de detección de distintos tipos de radiación que le valió el interés de la NASA.
Considera que en nuestro país hay oportunidades para los jóvenes que quieren dedicarse a la ciencia. “Pero hay que buscarlas”. Es más, piensa que esa búsqueda es casi un asunto del que cada uno es el encargado. “Es una de las consecuencias del mundo globalizado: los jóvenes deben buscar una preparación que les permita competir internacionalmente. Y autoprepararnos es nuestra responsabilidad”.
Mi visión del mundo, de Albert Einstein, es un libro que recomienda. “Te da el enfoque de uno de los grandes personajes del siglo XX, sobre la religión, sobre la ciencia y la sociedad. Y enseña que si quieres despertar a una nación, se necesita un equilibrio entre las tres”.





