• Dieciséis años después, ya sin “ayudas”
  • “Técnica” Salinas Pliego no les funcionó

Carlos Fernández-Vega

Las empresas dedicadas a producir comida chatarra aplicaron la “técnica” Salinas Pliego en su intento por quitarse de encima una ley contraria a sus intereses comerciales, pero altamente benéfica para los consumidores; el abonero la utilizó para no pagar impuestos y los consorcios promotores de la obesidad para impedir que sus chucherías dejaran de venderse en las escuelas. Sin embargo, en ambos casos se apestaron sus pretensiones, porque, a pesar de sus rabietas, el Riqui Riquín versión chavorruco (AMLO dixit) está pagando –en abonos no tan chiquitos– al Servicio de Administración Tributaria (SAT) y las chatarreras se toparon con una pared conocida como Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN).

La Jornada (Iván Evair Saldaña) lo reseñó así: “La SCJN avaló este martes la prohibición de vender comida chatarra en todas las escuelas del Sistema Educativo Nacional, incluidas las universidades. El fallo rechazó los argumentos de empresas que alegaron, entre otras cosas, que los universitarios, al ser mayores de edad, pueden decidir libremente qué consumir. Por unanimidad, el pleno aprobó el proyecto de la ministra María Estela Ríos González, que negó un amparo a la empresa Eric Kayser México, vinculada a la cadena francesa de panaderías Maison Kayser, al concluir que el Estado mexicano tiene facultades para proteger el derecho a la salud y garantizar una alimentación adecuada en los centros educativos”.

Algo más: “las empresas quejosas que han acudido al juicio de amparo en este y otros asuntos similares se equivocan al sostener que el Estado sólo está obligado a garantizar la alimentación saludable de las personas menores de edad, pero no de quienes ya son mayores de 18 años, como es el caso de las personas jóvenes y adultas. La falencia del argumento de las empresas quejosas obedece a que la ley fundamental reconoce el derecho de toda persona a la alimentación nutritiva suficiente y de calidad, sin hacer distinción alguna por razón de la edad que tengan”, dijo el ministro Giovanni Figueroa ( ídem).

Así, la “técnica” Salinas Pliego a la larga resultó totalmente fallida no sólo para el ególatra empresario, sino, por copionas, para las chatarreras. El de los abonos chiquitos y los intereses de agio la aplicó durante 16 años (desde 2008, protegido por el régimen neoliberal, utilizando para ello amparo tras amparo, largas y más largas, cochupo tras cochupo, junto con su ejército de abogados y cabilderos), hasta agotar los recursos legales y legaloides, de tal suerte que la SCJN lo sentenció a pagar, ya, los impuestos causados, pero no enterados al SAT.

En el caso de los consorcios chatarreros (trasnacionales, en la mayoría de los casos), su intento por evitar cualquier normatividad contraria a sus intereses (valiéndoles el incremento de la obesidad en el país) comenzó en noviembre 2010, cuando el Senado de la República aprobó una ley (con un solo voto en contra) para evitar la venta y publicidad de “alimentos y bebidas con bajo valor nutrimental” (léase “comida” chatarra) en las escuelas del país, aunque más tardó esa instancia del Legislativo en aprobarla que el régimen neoliberal en congelarla.

Como en el caso de Salinas Pliego, las chatarreras contaron con el apoyo de Los Pinos (en ese entonces con Felipe Calderón de inquilino) y sus secuaces (con las secretarías de Educación y Salud –Josefina Vázquez Mota, Alonso Lujambio y José Ángel Córdova Villalobos– a la cabeza) para evitar que se aplicara la nueva legislación. Como se comentó entonces en este espacio, el “líder” de la bancada panista en el Senado Gustavo Madero aseguró que “no cedimos a presiones” de las trasnacionales de las burbujas y los carbohidratos para frenar la aprobación de la ley contra la comida chatarra, pero lo cierto fue que 60 iniciativas legislativas a fin de contener la inundación de ese tipo de productos y frenar el bombardeo publicitario asociado a su comercialización acabaron en el bote de la basura.

En marzo de 2025, el impresentable Mario Delgado, “titular” de la SEP, intentó repetir el numerito para proteger a las chatarreras, pues las “incorporó” al “esfuerzo” gubernamental, solo para pactar con ellas y así evitar la deschatarrización en las escuelas. ¿Cómo se “incorporaron”? Fácil: donaron básculas y “material para promover la actividad física”. Y a seguir engordando, hasta que la SCJN sentenció: se acabó.

Las rebanadas del pastel

No deja de fluir agua puerca, contaminada, fétida y represora de Pablo Lemus, “gobernador” de Jalisco. Entonces, urge una limpia a fondo, comenzando por el autoritario “mandatario”.

X: @cafevega

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