Ernesto Martínez Elorriaga

Morelia, Mich. Se cumplen 82 años del arribo de 264 niños y 162 niñas al Puerto de Veracruz, procedentes de España, para ponerse a salvo de la Guerra Civil. Algunos de los pequeños que perdieron a sus familias y se vieron obligados a cambiar su patria por México que, según historiadores, les ofreció un gesto solidario, lograron asentarse en el país, pero otros no lo consiguieron.

El 10 de junio de 1937 llegaron a Morelia los 426 niños, luego de ser recibidos en Veracruz por el entonces presidente Lázaro Cárdenas del Río y su esposa Amalia Solórzano.

Entre los refugiados, Emeterio Payá Valera se hizo famoso por la paella que cocinaba en un pequeño restaurante de la capital michoacana. El ibérico, autor del libro Los niños españoles de Morelia, recordó el día que llegaron a la ciudad de la cantera rosa: “Desde la estación hasta la escuela y a lo largo de todo el recorrido por la Avenida Madero (antigua Calle Real) todo el mundo volcado en una actitud que ninguno de nosotros ha podido olvidar nunca”.

Fueron alojados en dos antiguos seminarios, transformados en colegios para niños y niñas. Después en internado España-México. Dicen que las críticas de grupos opositores al general Cárdenas crearon un sentimiento de egoísmo en muchos niños morelianos, porque se decía que el gobierno había recibido a niños españoles mientras en México muchos niños padecían hambre.

En Morelia hay descendientes de contemporáneos de esos pequeños que, aseguran, se creó una rivalidad entre grupos de españoles y michoacanos, la cual muchas veces llegó a los golpes.

Los niños españoles permanecieron aislados en internados, la mayoría de ellos pensaba que una vez terminada la guerra regresarían con sus familias, pero no fue así.

Concluida la administración de Lázaro Cárdenas, en 1940, la ayuda del gobierno fue reducida. En inicio de 1944 la escuela cerró sus puertas y fueron repartidos en casas hogares y conventos, y quedaron a su suerte; crecieron como pudieron, trataron de regresar o se afincaron definitivamente en México.

Cuando finalmente algunos pudieron regresar a España todo había cambiado. Un ejemplo fue Aurora Correa que llegó a México a los 11 años y 10 años después se reunió con su familia con la que ya no pudo seguir viviendo, y decidió regresar a México.

Algo similar ocurrió con Antonio Aranda, quien llegó a Morelia a los 10 años. Después de 15 años regresó a España a casa de su madre, pero no fue lo que esperaba y regresó a México en un barco carguero trabajando como ayudante de todo.

La mayoría de los llamados Niños de Morelia ya falleció. Todos se dispersaron. Algunos crecieron en la capital michoacana, otros se fueron a ciudades como Puebla, Jalisco o la Ciudad de México. De muchos otros no se volvió a saber nada.

Emeterio Payá murió hace apenas unos años, en Morelia. Su familia conserva el restaurante de paella en la colonia Chapultepec.

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