Rosa Elvira Vargas

Ciudad de México. Hoy se cumplen dos años del fallecimiento del periodista Jesús Aranda Terrones. Y todavía nos duele.

Porque Chucho fue un reportero cuya labor en la cobertura sobre todo de los temas del Poder Judicial y de las Fuerzas Armadas resultó central para convertir, sobre todo al primero, en fuente central de la información más allá de un mero asunto de sentencias, amparos y resoluciones.

A lo largo de 24 años exactos en La Jornada, sus coberturas serias, documentadas y atentas lo convirtieron en pluma indispensable para entender desde la lectoría el cada vez más creciente protagonismo del Ejército y de la Marina en tareas de seguridad pública.

En la redacción de este diario, donde también fungió como fue suplente en la Coordinación General de Información, Jesús dejó muchas razones para admirarlo y para quererlo.

Pero no sólo aquí. Compañeros de otros medios que reportearon con él en la Suprema Corte de Justicia de la Nación, y muchos de los cuales consideran haber recibido orientaciones para entender tan intrincado sector, recuerdan de Aranda:

“Con Jesús aprendimos a cómo adelantarse a la información. A entender cómo funcionaba el Poder Judicial y a ganar la nota a través del conocimiento del sector. A ir más allá de las meras declaraciones y anticipar por ejemplo, el sentido de las resoluciones y los proyectos”.

Pese a vivir hasta el alejado Cuautitlán Izcalli, siempre estaba “al pie del cañón. Reporteaba todo el tiempo”.

Y así nos llegan hoy dos años sin él. Quienes lo conocimos, tenemos la misma tristeza desde entonces.

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