Federico Anaya Gallardo

Las y los compañeros de “Sinsonte”, el programa de Canal Red Latinoamérica me invitaron a participar en la mesa que dedicaron —entre otros temas— al supuesto plan para la supuesta paz en Gaza el pasado martes 14 de octubre de 2025. El día anterior (13 de octubre) se había celebrado la “Gaza Peace Summit” convocada —oficialmente— por cuatro estados: EU, Egipto (anfitrión), Catar y Turquía. La cumbre ocurrió en Sharm el-Sheik (la Ensenada del Jeque) en el extremo sur de la península del Sinaí. ¿Por qué hablo de supuesto plan y supuesta paz? Porque al empezar a analizar quiénes participaron en la cumbre empieza a notarse la superficialidad del arreglo propuesto y firmado. Lo bueno del tema es que ha captado la atención (y espero también la imaginación) de la opinión pública mexicana, poco dada a debatir geopolítica.

En la práctica real y dura, el único convocante de la cumbre fue Donald Trump. El largo besamanos en su honor nos da una idea de esto. No se trata de exagerar la agencia individual del actual ocupante de la Casa Blanca en Washington, D.C. Es difícil inflar la actuación de Trump cuando él hace todo de modo híper-hinchado. Por ejemplo, mientras firmaba la declaración de la cumbre, él declaró: “—Ésto tomó tres mil años para llegar aquí, ¿pueden creerlo? Y va a durar, también…” (sic que abre ojos de espanto…)

De acuerdo al presidente estadunidense, el problema que él dice estar resolviendo empezó a principios del siglo X aC. Es decir, allá por los tiempos de los reyes bíblicos Samuel, David y Salomón… o tal vez de los monarcas posteriores —luego de la división del reino bíblico. Uno ya no sabe si los estrépitos verbales del trumpismo son intencionales o no. Peor: si Trump hablaba en serio, ¿el problema original es la división del Reino de Salomón? ¿Cómo confiar en un arreglo duradero con esto en mente?

Se me ocurre que uno de los problemas de fondo en la región del Levante es que muchos de sus actores siguen jugando a la política a partir de referencias religiosas. Aunque estas últimas forman parte del entramado cultural e ideológico de cualquier región del mundo, yo sospecho que para el Levante mediterráneo subrayar lo religioso sólo confunde el entendimiento cabal de las tensiones geopolíticas. Esto provocará urticaria a los verdaderos creyentes de las tres grandes religiones monoteístas que reclaman raíces en aquella región (judaísmo, cristianismo y el islam). Yo señalo la relatividad de lo religioso sólo con el ánimo de facilitar el acercamiento a los problemas materiales de la zona.

Más que por la Tres Veces Santa Jerusalén, Levante importa hoy en día por Suez y su canal. (Y antes del canal, importaba por las rutas comerciales que usan ahora ese paso artificial.) El tráfico de mercancías a larga distancia siempre ha sido relevante. Y lo es más ahora que China impulsa el la Iniciativa de la Franja y la Ruta o 一带一路 (yi dai-yi lu). (Liga 1.) Levante significa mucho más por el comercio que por el petróleo. Este recurso empezó a explotarse en el suroeste de Irán en los 1900, en Kirkuk (Irak) en los 1920, y en la costa oriental de la península arábiga (isla de Baréin) en los 1930. Por supuesto, petróleo y comercio, combinados, hacen explosiva cualquier crisis en el Golfo Pérsico —adonde cerrar el estrecho de Ormuz (entre la península y el macizo continental asiático) puede interrumpir el flujo de energéticos para varias de las economías industriales del planeta.

Pese a su cercanía con el Levante, el Golfo Pérsico tiene su propia dinámica. No necesito argumentar mucho para probar esto. Recientemente el cierre del Estrecho de Ormuz estuvo en las primeras planas de todos los periódicos del mundo, durante el último capítulo del conflicto entre Israel e Irán acerca del programa nuclear de Teherán (junio de 2025). 20% del gas licuado y 20% del petróleo del mundo necesitan que ese paso esté siempre libre.

Una prueba más de que el comercio es un factor más relevante que otros en el gran conflicto del Levante la encontramos en otro estrecho marítimo: Bab el-Mandeb —que en Árabe (باب المندب) significa La Puerta del Llanto o de las Lamentaciones. Este estrecho separa la península arábiga (al Este) de África (al Oeste) y conecta el Mar Rojo con el Golfo de Adén y el Océano Índico. Es allí adonde los hutíes de Yemen atacan los buques mercantes que se dirigen a Suez. 8% del gas licuado y 12% del petróleo del mundo necesitan que ese otro paso esté siempre libre. En 1799 Inglaterra ocupó la Isla de Perim en este estrecho, para asegurar el paso de sus buques entre Suez (que aún no tenía canal) y su imperio en la India. Durante la descolonización, los ingleses propusieron que Perim quedase bajo administración internacional para asegurar el libre comercio. La propuesta se rechazó y la isla quedó bajo la soberanía yemenita. (Me detuve en el detalle de Perim porque un artificio efectivo para evitar conflictos es establecer administraciones internacionales en algunos lugares. Pero deberían ser verdaderamente internacionales…)

El sitio de la cumbre del 13 de octubre de 2025 —Sharm el-Sheik— está situado en la ribera occidental de otra garganta comercial y geopolíticamente relevante: el Estrecho de Tirán, que separa el Sinaí egipcio de la península arábiga y conecta el Mar Rojo con el Mar de Aqaba. El nombre proviene de la Isla de Tirán, ubicada en medio del paso. La comunicación marítima a los puertos de Aqaba (Jordania) y Eliat (Israel), ambos en el extremo norte del Mar de Aqaba, depende de ese estrecho. El Egipto británico arrebató la Isla de Tirán a los otomanos en 1906. Luego de independizarse de Inglaterra, en los días del movimiento pan-arabista, el presidente egipcio Nasser colaboró con los saudíes para controlar isla y estrecho. En 1956 Egipto cerró el estrecho durante la Crisis de Suez. En 1967 Egipto amenazó con un nuevo cierre antes de la Guerra de los Seis Días. Luego de la fulminante derrota de los egipcios, Israel ocupó toda la península del Sinaí —y se hizo del control de la Isla de Tirán para asegurar el comercio de Eliat. Doce años más tarde, el tratado de paz de 1979 entre Israel y Egipto aseguró el regreso del Sinaí a la soberanía egipcia y que el Estrecho de Tirán esté siempre abierto. La Isla de Tirán fue administrada por Egipto hasta 2017 —cuando la transfirió a Arabia Saudita, previo acuerdo de Israel.

Este recuento de los estrechos marítimos que rodean el Levante nos muestra por qué Egipto tiene un interés geopolítico en reducir las tensiones en Gaza y por qué es relevante la localidad de Sharm el-Sheik de la cumbre. Hacer la cumbre allí manda un mensaje: nadie debe olvidar la importancia geopolítica de cualquier arreglo o desarreglo en la región. Aparte, Egipto —con 113 millones de habitantes— prácticamente duplica la población de las monarquías árabes —que llegan apenas a 65 millones, incluyendo a los saudíes.

¿Por qué escoger como sede de la cumbre una ensenada al sur de la península del Sinaí, al lado del Estrecho de Tirán? Tal vez porque parte del supuesto arreglo de la cuestión de Gaza pasa por una reconstrucción que todas y todos tememos sea un proyecto de relocalización forzosa de la población palestina que sobreviva al genocidio. A este respecto, vale la pena recordar que desde hace años se pretende desarrollar un megaproyecto en el Estrecho de Tirán. Arabia Saudita y Egipto construirían un puente que cruce el estrecho. Al parecer, la idea cuenta con la venia israelí. Sharm el-Sheik sería uno de los atractivos turísticos-inmobiliarios.

Por cierto de este tema particular, en su análisis sobre la cumbre en Sharm el-Sheik, en la mesa de “Es La Hora de Opinar” del lunes 13 de octubre de 2025, el economista Luis de la Calle subrayó que lo novedoso en la región de Medio Oriente es el abandono de una política de destrucción —que financiaba la guerra permanente entre sunitas y chiítas o entre árabes e israelíes— a favor de una política de reconstrucción. De la Calle dijo: “Le van a meter dinero a la reconstrucción… antes le metían dinero a la destrucción. … es un cambio totalmente radical”. (Liga 2, min.49:15.) Aparte, el economista liberal subrayó la importancia de apoyar a los regímenes monárquicos del Medio Oriente porque, pese a no ser democráticos, están impulsando una profunda modernización —liderada por Mohamed bin Salmán (محمد بن سلمان), el príncipe heredero saudí, conocido como “MBS”. Atención, queridas lectoras y lectores: ¿la barra de opinión de las derechas mexicanas se alboroza por mega-proyectos de gentrificación en el Levante?

No les canso, lectoras y lectores, con un recuento del interés geopolítico de los otros dos convocantes de la cumbre, Catar y Turquía; aunque deberíamos regresar en el futuro a ellos, por supuesto. Hoy sólo apunto un contraste que me sorprende: las diferencias abismales en densidad institucional y complejidad socio-política entre ambos estados.

Catar es un emirato —es decir, una monarquía absoluta gobernada por la dinastía Al Thani desde al menos 1825. Apenas en 2003, el emir catarí adoptó una constitución con una especie de legislatura (مجلس, majlís, consejo). Sólo dos tercios de los miembros de ese congreso son electos (el emir designa al otro). El emir nombra un primer ministro. La majlís es sólo consultiva, sin poderes reales; salvo el de remover al primer ministro —para lo cual requiere necesariamente los votos de los miembros designados por el emir. Un mecanismo bizantino para que el emir elimine a quien antes había designado. Peor: de 3 millones de habitantes, sólo 400 mil son ciudadanos cataríes. La ciudadanía se restringe a los descendientes de los habitantes de 1930. Esto refleja el origen tribal del emirato. En este sentido, la majlís apenas representaría a un décimo de los habitantes. Aún peor: No existen partidos políticos ni sindicatos.

Turquía, en cambio, es una república desde 1920. En México, la saga del fundador de la república turca —Mustafa Kemal Ataturk— nos parecería una rara combinación de Juárez y Calles. Ataturk lideró su república contra la intervención extranjera. Tras la derrota del imperio otomano, Grecia, Inglaterra, Francia y Armenia ocuparon el país. El sultán otomano aceptó esto. La república se organizó contra ese arreglo. Los republicanos expulsaron a los invasores. Luego, abolieron el sultanato (liderazgo político) y el califato (liderazgo religioso). Consagraron el laicismo dentro de la constitución. Abandonaron la escritura árabe para adoptar el alfabeto latino. Desde hace un siglo Turquía es un Estado moderno dentro de la tradición occidental. La república adoptó un sistema de partido único entre 1923 y 1945, para asegurar la modernización nacionalista. El Partido Republicano del Pueblo (CHP por sus siglas en turco) lideró el país por veinte años en la ruta de Kemal (kemalismo). Aquí la comparación obvia serían Calles, Cárdenas y el cardenismo en nuestro país. Desde 1945 Turquía adoptó un sistema multipartidista, que fue víctima de varios golpes de Estado y empezó a estabilizarse a partir de 1980. En ese periodo surgieron varios partidos que ponían en cuestión la laicidad del Estado y que abrazaron el islamismo. El CHP y otros elementos kemalistas y socialdemócratas los contuvieron. Sin embargo, desde 2000 la república ha sido gobernada por un partido de derechas y orígenes islamistas, el Partido Justicia y Desarrollo (AKP, por sus siglas en turco). El actual presidente, Recep Tayyip Erdogan, fue postulado por el AKP. Los kemalistas del CHP son la principal oposición y en 2024 ganaron en las elecciones municipales.

¿Qué significa que una monarquía absoluta (Catar) y una república compleja (Turquía) convoquen juntas a una cumbre como la de Shram el-Sheik? Es difícil imaginar la convergencia de los intereses geopolíticos de estados tan distintos. Les comparto mis piensos la semana próxima.

¡Salud y República!

agallardof@hotmail.com

Ligas usadas en este texto:

Liga 1:
https://julioastillero.com/mexico-en-un-mundo-inestable-el-reto-de-la-sucesion-hegemonica-autor-federico-anaya-gallardo/

Liga 2:
https://www.youtube.com/watch?v=zkJFK-xA3FY

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