Redacción de La Jornada
Las Vegas. La sorpresa fue que no hubo combate. Saúl Canelo Álvarez tuvo una sesión de entrenamiento en el que se cebó a placer ante un ineficaz, débil y poco propositivo Julio César Chávez júnior, en la T-Mobile Arena, de Las Vegas, para vencerlo por decisión unánime en una pelea sin título de por medio y en un peso pactado de 164.5 libras.
Chávez júnior lució delgado y sin fuerza, con unas piernas que no le dieron para nada. Canelo en cambio fue poderoso, hizo combinaciones y castigó a placer para derrotar sin oponente.
La preocupación de que no habría velocidad por subir a los 164.5 libras que pactaron fue una ilusión, pues el pelirrojo no sólo fue rápido sino explosivo, con lo que desbarató toda estrategia planeada por Chávez júnior y su equipo.
Ni en el último episodio se metió Chávez a tratar de recuperar algo, así fuera por dignidad, sufrió sin meter las manos.
“Fue un mejor peleador. Yo quería boxearlo pero me faltó contundencia”, dijo al final un Chávez que parecía resignado. “Si hubiera contragolpeado, hacer la pelea que me dijo Beristáin, pero no estoy acostumbrado a ese tipo de pelea”.
La única sorpresa fue que Canelo anunció que en septiembre pelearía contra el kazajo Gennady Golovkin.
“Nunca he tenido miedo a nadie. Cuando nací el miedo ya se había repartido. Golovkin será el peleador más difícil al que enfrentaré en mi carrera y será un gran combate seguro”.





