Luis Ricardo Guerrero Romero
La botella de tequila estaba por terminar, ese: porro, gallo, material, mostaza, ludus humus; iba a comenzar su mágico ritual. Los celulares sonaban, los discretos con vibraciones, los excéntricos con canciones, desde el Komander hasta la Traviata, todo cabe en una reunión ecléctica y elástica, sobrecargada, austera de prejuicios. Así como siempre me imaginé a la sociedad, pero a mis 75 años, quizás la imaginación es el último recurso para sobrevivir, para sobre trascender, para no guardar rencores ni ser mezquino en aplausos hacia los demás. Pero: ¿qué son los demás, sino una expresión de mí?
Hay momentos en que suelo pensar que ni la resiliencia, ni las conductas adecuadas se precisan para ser feliz. La física nos revela la verdad, lo que se requiere es elasticidad. Una buena y efectiva elasticidad. Un aplauso tiene esa facultad pues llegan las palmas a encontrarse luego de estudiar las circunstancias ajenas a ellas: “según la Teoría de la Elasticidad, que explica cómo un sólido se deforma o se mueve como respuesta a fuerzas exteriores que inciden sobre él. Así, cuando estos sólidos deformables reciben dicha fuerza exterior, se deforman y acumulan en su interior una cantidad de energía potencial elástica, y por lo tanto también de energía interna” (analogía, la vida es analogía). Y, ¿qué es la energía interna sino la sinergia? La sociedad ha sido alterada por fuerzas externas pero unidos tenemos la capacidad de regresar a un origen que nos haga más auténticos, más sublimes, más humanos. Un grito en el río de leteo explota: olvidar también es elasticidad del ser, que suspira por quien originalmente en su pureza había sido. ¡Unámonos!
Una sociedad elástica propone el narrador del relato anterior, una sociedad que se traduzca en un aplauso, en una unión ruidosa que se aleja para tomar ímpetu y explotar en la unión. Probablemente imposible, pero jamás irrealizable. Todo acto humano que asciende lo estimuló la imaginación, la misma economía emplea la elasticidad en su argot cotidiano. Ahora bien, lingüísticamente, de dónde diablos nos llegó la elasticidad:
Un paso casi a media luz, pues fue la lengua helénica: ελαστηες (elastees), lo que impulsa y hace obrar. La voz que al latín dejó la idea de elasticidad, o sea: elasticitas. De aquí que se propale la idea de que nuestra sociedad deba ser elástica, sutil, pero precisa; sólida, pero dúctil; disciplinada, pero humana, demasiada humana.





