Luis Ricardo Guerrero Romero
Aquellas competencias de escupitajos que estilamos cada que las libaciones cobraban otro tono, son de las cosas que más extraño de Anabel Julieta, yo no me la puedo imaginar de otro modo más que de la forma original en que la conocí. Si bien es cierto, las decisiones van labrando a la persona, de veras creo que la opción que prefirió no es la pertinente. ¿Precisaba Anabel Julieta convencerse, meterse en cintura y llevar a cabo lo que hizo… aunque toda profesión es honorable cuando se hace con estilo?, no y no es la expresión que emano al saberla realizando eso que ahora es.
Para muchos que he decidido no conocer fue un logro, un avance en su vida, luego de que ella se dedicara a la vida pública, ahora engrosa las filas de otras tareas más humanas que técnicas. Si ella hubiera sido mía antes que ser de ella misma, hoy estaríamos nuevamente bebiendo cerveza ligera y rompiendo las metas de distancia con nuestras salivas untadas en el suelo. Ya con hoy, Julieta lleva 45 notas de voz en mi whats app, pero no quiero escucharla pienso que me desalentaré porque con seguridad me ha de estar platicando lo bien que está, y yo, yo no deseo que ella esté bien lejos de mí. Sé desde luego que mi actitud es totalmente egoísta y fanfarrona, pero no me importa, nunca me importó nada más que verla acabarse litros de cerveza a mi lado y el sugestivo infierno que me posee cuando mi ceguera natural me ayuda a imaginarme que conozco a la mujer de mis ficciones.
La palabra sugestivo es llana, llana por su silaba tónica y llana porque es de fácil compresión, de atracciones sencillas y a la vista de prontos resultados. Ya la voz de Ramón López Velarde lo imagina al escribir En un jardín: “Al decir que las penas son fugaces/ en tato que la dicha persevera,/ tu cara es sugestiva y hechicera/ y juega a los novios los rapaces”. El ejercicio de que algo sea sugestivo es pienso sutil. Se puede hablar, andar, mirar, escribir, vestir, comer, dormir, cocinar, y un etcétera coherente de sugestivas actividades.
Es a partir de la voz latina: suggero y su pp. suggestus, de donde viene nuestro adjetivo castellano en cuestión. suggestus> sugestus> sugesto más el sufijo ivo (capacidad para). Este adjetivo tiene la facultad de sugerir o provocar de todo, aunque comúnmente se asocia a los aspectos concupiscibles, no obstante, el sentido primigenio es de suplencia o inspirar. Es así como, el personaje del relato anterior está sugestivamente imaginando a una tal Anabel Julieta que nunca pudo ver.





