• ¿Quiénes se han beneficiado?
  • Afore, jugoso negocio privado

Carlos Fernández-Vega

Con todo y que él mismo reconoce que el T-MEC “tiene problemas serios de salud; estamos en el hospital”, el secretario de Economía, Marcelo Ebrard, se aferra a ese mecanismo trilateral (todo apunta que lo hace sin un plan B a la mano) y anuncia que el próximo 1º de julio “comenzará” su revisión con sus pares canadiense y estadunidense, en el entendido, dice, de que esa marca en el calendario “no representa una fecha de cierre, sino de arranque formal previsto en el propio tratado”. Y la representación mexicana participará en un ambiente enrarecido por el propio salvaje de la Casa Blanca, quien adelanta que “a Estados Unidos le iría mejor sin el T-MEC”.

Días atrás, en entrevista con La Jornada, el funcionario reconoció que “Estados Unidos dio un viraje radical, drástico, de todo el manejo comercial, y ahora domina un enfoque de seguridad económica y de diseño geopolítico en las relaciones mercantiles. La época de libre comercio está llegando a su fin, lo que significa que vas a pasar de esa hiperglobalización que esencialmente era el fin de la historia, el libre comercio, a un nuevo sistema donde vas a reinstalar aranceles diferenciados depende de dónde produzcas; es un diseño geopolítico”. Y esa “agonía del libre comercio”, reconoció, “pega al crecimiento del país”.

En efecto, para México los prometidos “grandes beneficios” del TLCAN, primero, y del T-MEC, ahora, no han trascendido el discurso, y ello queda claro al conocer que desde 1994 la tasa nacional de “crecimiento” ha ido de poco a cada vez menos, mientras el cacareado “goteo” de la riqueza generada en los 32 años de funcionamiento de dicho mecanismo brillan por su ausencia, algo radicalmente opuesto a los “logros” del selecto grupo de consorcios privados que ha sacado enorme raja de ese pacto trilateral.

Años atrás, cercano ya el cierre sexenal de Enrique Peña Nieto, la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) aportó la siguiente información: en sus años de existencia, el TLCAN sólo estimuló la de por sí sólida concentración del comercio exterior nacional, pues alrededor de 340 empresas (la mayoría trasnacionales) acaparaban más de 73 por ciento de las exportaciones mexicanas, aunque para ello importaban de Estados Unidos buena parte de los contenidos (tres cuartas partes, por lo menos) para poder terminar el producto y colocarlo en el mercado internacional (83 por ciento en Estados Unidos), en detrimento de la cada día más pequeña y desvencijada industria nacional.

¿Y qué empresas encabezaban la lista de beneficiarias del citado mecanismo trilateral? La propia Cepal le puso el cascabel al gato: General Motors, Daimler Chrysler, Ford Motor Company, Volkswagen, Nissan, Toyota, Sony, Samsung, Hewlett Packard y otras trasnacionales que ocupan los primeros lugares de las grandes exportadoras que operan en el país. ¿Y México? Simplemente se convirtió en una república maquiladora.

La “revisión” del TLCAN se inició en noviembre de 2018 y los “cambios”, ya como T-MEC, entraron en vigor en julio de 2020. En esencia, la “modificación” más destacada fue el nombre del mecanismo, porque en los hechos todo siguió igual, comenzando con la brutal concentración de beneficiarios, con las trasnacionales –gringas, la mayoría– en los primerísimos lugares y los escasos beneficios para los mexicanos.

Pues bien, ahora el secretario de Economía anuncia el “inicio formal del proceso de revisión” (trilateral) del T-MEC, el cual podría terminar en el sepelio del mecanismo trilateral o –lo que nada raro sería– aún mayores ventajas para las empresas estadunidenses, mientras se fortalece la república maquiladora. En palabras de Ebrard, y más allá del probable sepelio del tratado, entre las “alternativas” están la extensión automática de 16 años o una continuación de 10 con revisiones periódicas y la decisión “quedará en manos de los tres países”.

Así, México se aferra a un clavo ardiente con el objetivo (sin plan B) de que todo cambie para no cambiar nada, mientras la sempiternamente prometida “diversificación de mercados” se mantiene como asignatura pendiente.

Las rebanadas del pastel

Y mientras unos sufren, otros –muy pocos– gozan las mieles del regalo que generosamente les entregó Ernesto Zedillo en 1997, es decir, la privatización del ahorro de los mexicanos: “Las ganancias de las Afore (10 consorcios en total) entre enero y mayo de 2026 por gestionar el dinero para las pensiones sumaron 7 mil 753 millones de pesos, nivel sin precedente para un mismo periodo y 21 por ciento mayores a las obtenidas en igual lapso de 2025” ( La Jornada, Braulio Carbajal).

Twitter: @cafevega

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