Laura Gómez Flores

Ciudad de México. El Taquito, considerado un Museo de la Gastronomía Mexicana, lucha por sobrevivir en medio del ambulantaje que se “come” los edificios coloniales de la calle Del Carmen, a cien años de abrir sus puertas y ser punto de encuentro de presidentes, príncipes, políticos, muralistas y artistas, como Marilyn Monroe o Gary Cooper.

Hoy, autoridades federales y locales develarán una placa de los primeros cien años de este restaurante taurino, que servirá de marco para un homenaje póstumo al periodista Jacobo Zabludovsky, quien prologó el libro de Rafael Guillén Hernández El Taquito, una historia que contar, que muestra de manera gráfica y textual, quienes han compartido la sal y la pimienta en sus antiguos ocho salones.

Sus propietarios Rafael y Marcos Guillén reconocen el gran esfuerzo realizado durante este tiempo para mantenerlo abierto, pues a pesar de estar dentro del perímetro que resguarda a la zona del Centro Histórico, un sinnúmero de ambulantes se ha apropiado de su parte baja y alrededores, y alejado a mucha clientela.

El buen sazón y elaboración de platillos, que han sido deleite hasta del Papa Juan Pablo II, a quien se los llevaron hasta la Basílica de Guadalupe, durante su primera visita pastoral a México, en 1979, quien bendijo el taco mexicano y lo llamó cariñosamente “El Taquito”, inició con don Marcos Guillén y Conchita Rioja; y, ahora, recae en su nieta Karla, una extraordinaria chef, y que representa la cuarta generación.

En las mesas de este lugar, ubicado en la calle Del Carmen 69, que con el paso del tiempo han disminuido en número, se deleitaron Pedro Infante y María Félix; y fue punto de charlas de todos los presidentes priistas de México, desde Álvaro Obregón, el manco de Sonora, hasta Vicente Fox y Felipe Calderón, los únicos panistas que han despachado en Los Pinos entre los años 2000 y 2012.

Sus rincones también fueron confidentes de grandes figuras del toreo nacional y extranjero, desde el gran Manolete y Rodolfo Gaona, hasta Julián López El Juli, sin olvidar a Silverio Pérez, Luis Miguel Dominguín, Alfonso Ramírez El Calesero, Curro Rivera o Manuel Capetillo.

El sabor del mole poblano, el caldo tlalpeño, las costillas de cerdo bien doradas y las sopas de nopales y de médula atrajo por igual a John F. Kennedy y su esposa Jacqueline Kennedy, y al Príncipe Carlos de Inglaterra; a Mario Moreno Cantinflas y Katy Jurado, a quien Elvis Presley llamaba La Chula.

Los chiles en nogada, la carne asada a la tampiqueña, las enchiladas verdes o quesadillas, fueron consumidas, con “fervor gastronómico”, por Agustín Lara, José Alfredo Jiménez y Cuco Sánchez; políticos, como Cuauhtémoc Cárdenas, Carlos Hank González y Luis Echeverría; así como académicos, periodistas, escritores, vedettes, cantantes y boxeadores, comenta don Marcos Guillén, que representa a la tercera generación.

Sobre sus manteles han departido también Rubén Olivares, Resortes, Chabelo, Gabriel García Márquez, Paco Malgesto, Diego Rivera, David Alfaro Siqueiros y José Clemente Orozco; así como numerosas familias, parejas enamoradas y cualquier alma hambrienta con el deseo de disfrutar de un delicioso taco, un rico platillo mexicano o una sopa caliente. Todo a al alcance de cualquier bolsillo, señala.

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