Afp
La bulliciosa Teherán parece ahora una ciudad fantasma. Los que no pudieron huir permanecen encerrados en sus casas, angustiados por si hay más explosiones, con Israel y Estados Unidos redoblando sus bombardeos contra los edificios vinculados a las autoridades este martes.
“Me da miedo caminar por las calles desiertas, pues las bombas siguen cayendo del cielo”, relató Samireh, una enfermera de 33 años. En la capital iraní, que en general tiene unos 10 millones de habitantes, “hay tan poca gente que parece que aquí no haya vivido nadie nunca”, agrega la mujer, que prefiere no decir su apellido.
Por cuarto día consecutivo, Teherán se vio sacudida por fuertes detonaciones, que dejaron tras de sí espesas humaredas grises elevándose hacia el cielo azul, observaron periodistas de Afp. “Cuando oímos los ruidos de los bombardeos, dependiendo de lo cerca que esté el impacto, sentimos cómo tiemblan las puertas y ventanas”, cuenta Saghar, de 31 años.





