Ana Mónica Rodríguez

Con sofisticación técnica, el trompetista cubano Arturo Sandoval y su talentoso grupo, impactaron en un inclasificable concierto de jazz en el Lunario del Auditorio Nacional, donde entrelazó géneros, bepop, canto e improvisación, hasta conectar con las almas y propagar su energía libre y festiva caribeña.

Sandoval, la noche del viernes, tomó el escenario, sabiendo que vendida o no toda la taquilla, quienes asistieron a la primera de dos noches al Lunario disfrutarían de una velada especial. Veterano en su oficio, el ganador de 10 premios Grammy, sedujo con su arte, carisma y anécdotas divertidas a su embelesada audiencia.

Hasta la explicación, casi indefinible, de lo que significa el “bepop”, fue descrita por el legendario trompetista, haciendo de este arte otro momento invaluable que fascinó a su público.

Virtuoso de la trompeta, el fliscorno, pianista, percusionista, compositor y cantante, el cubano se ha adjudicado además de la decena de Grammy, seis Billboard y un Emmy en un prolífico camino artístico de más de 50 años, donde ha predominado su constante evolución.

En el Lunario, Sandoval saludó a su audiencia y comentó su agrado por visitar México. Acompañado por ocho músicos en las guitarras, el bajo, las percusiones, la batería, los teclados, la trompeta, el barítono y el sax, entre otros instrumentos, el multifacético cubano encabezó una sinfonía armoniosa, vibrante, de rebeldía creativa que inundó con sus brillantes ejecuciones el pequeño recinto.

En diversos momentos del show, los sonidos llevaron a la nostalgia, la relajación, al asombro y a la celebración. Quienes asistieron vivieron sólo el presente, al tiempo, que la ajetreada cotidianidad se diluyó y el tiempo transcurrió casi imperceptible.

Encabezando a su grupo, Sandoval comentó: “No tienen idea de lo que es tocar en esta altura a los 77 años”. Lo cierto fue que demostró su virtuosismo y versatilidad con varios instrumentos, además de la trompeta, los dedos de sus manos recorrieron con rapidez y habilidad los teclados; sonó los timbales, cantó y los movimientos cadenciosos de su tierra natal emergieron al calor del ritmo en otras piezas.

“Tengo la suerte de tocar para un público que entiende lo que está pasando y lo que estamos haciendo en el escenario; hay muchos lugares a donde llegamos, donde se miran los unos a los otros diciendo: ‘yo no sabía que este cubano era comediante’, pero es bepop, un género de los años 40”. Ahí, efectivamente, hizo reír con la explicación retomando ejemplos de cómo definieron otros músicos a este género.

Percusión afrocubana

Sobre Sangú, su reciente producción, comentó cómo surgió y por qué le dio título de una palabra inexistente. “Esto se pone bueno cuando el público participa”, dijo Sandoval, quien provocó enseguida una indefinible fiesta sónica, cuando resonó la pieza que guió a sus espectadores a la euforia y catarsis.

De este álbum, se dice que el cubano, proyecta su sonido hacia el futuro, al tiempo que honra las raíces que lo formaron: la percusión afrocubana, la tradición musical de raíz yoruba, el bebop, el funk y el folclore, con un electrizante espíritu de riesgo que lo ha llevado a colaborar con figuras de la música, que van desde Dizzy Gillespie, Stevie Wonder y Celia Cruz hasta Ariana Grande. La producción discográfica ha permanecido durante varias semanas en el primer lugar de las listas de jazz, consolidándose como uno de los proyectos contemporáneos más aclamados.

Referente de la música iberoamericana, Arturo Sandoval nació en Artemisa, Cuba, el 6 de noviembre de 1949. A los 13 años de edad comenzó formalmente sus estudios musicales y, luego de explorar diversas opciones, finalmente se decidió por la trompeta como su instrumento principal.

De su trayectoria se le recuerda junto a destacados exponentes de su país, como el pianista Chucho Valdés y el saxofonista Paquito D’Rivera, con quienes cofundó a finales de la década de los años sesenta la célebre agrupación Irakere, que se convirtió en referente indiscutible debido a su fusión de jazz, rock, música clásica y ritmos folclóricos yorubas con una audacia sin precedentes.

En la segunda fecha de Arturo Sandoval en el Lunario del Auditorio Nacional, los asistentes fueron testigos de la versatilidad artística del legendario músico, quien transita con naturalidad entre el rigor de la música clásica –con la composición de conciertos para trompeta y orquesta–, las raíces latinas y la absoluta libertad del jazz, demostrando un depurado virtuosismo sin límites ni etiquetas.

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