Juan Manuel Vázquez

Ciudad de México. La película Tiburón de (Spielberg, 1975) detonó la fascinación de Mauricio Hoyos por el tiburón blanco.

El miedo que infundía esa criatura representada como un monstruo asesino de humanos definió su vocación: biólogo marino.

Hoyos ha dedicado su vida al estudio de una especie mitificada injustificadamente.

“El peor enemigo del tiburón blanco es la ignorancia. Yo trato de revertir esa percepción negativa con investigación, porque uno no va a proteger la que no quiere”, cuenta Hoyos.

La dedicación al estudio del tiburón blanco lo ha obligado a renuncia a casi todas las comodidades de la gente común.

“Vivo en lugares aislados y con privaciones, una vez pasé diez días sin abastecimiento por un huracán y comiendo un puño de arroz viejo al día. He renunciado hasta el amor. Varias parejas han terminado porque es imposible mantener una relación. Incluso una prometida rompió conmigo antes de casarnos; justo cuando partía a una expedición”.

Reloj Actual - Hora Centro de México