Luis Ricardo Guerrero Romero

Desde hace 33 años, los vecinos del lote baldío se han quejado por el olor a azufre que la tierra arroja por sus poros de madre natural, testigos aseguran ver imágenes extrañas a cualquier hora del día, y al desvanecerse las figuras desprenden ese viciado olor. La tierra que pudo ser cosechada ha sido timada y no se sabe por qué o por quién.

No obstante a las investigaciones que están por colegir, los obreros de la paz, humildes albañiles que han visto ese lugar, mencionan que muy cerca del lote baldío, y a un costado de la casa de la señora Aguirre (de quien se sabe engendró un hijo cuya concubina está ocultada por razones de fe), pasaban cosas bastante raras. Por ejemplo, había vecinos que aseguraron ver entrar a la casa de la aludida, filas y filas de personas con ofrendas frutales, regalos copiosos, y mugre en las manos. Muchos creían que tales peregrinaciones favorecerían el paso al reino de los cielos, y que algún día el señor Moreno, tomaría a cuenta las dádivas de los amables amigos de la familia. Estaban en un error, su único credo es timar, hacer negocios para favorecer a su persona mientras atasca a otras, lo salvable de aquella estirpe timadora fue el segundo hijo de José, que por razones de honor decidió salir del país, aunque sea por unos meses. Sumando a las eventualidades raras, hay quienes refrendan que en aquel lote baldío se arrojaban algo así como cadáveres, pero en realidad nadie ha confirmado si se trata de restos humanos o bien de restos de fe. De lo que sí se tienen pruebas son de las innumerables personas que fueron timadas a razón del usufructo clerical, que capitaneados por el señor Moreno han infringido lo más loable del hombre: su honra.

La timocracia, un sistema que reina en todas partes. Están los que timan a su madre, por hacerle pensar que sirven al pueblo, mientras se sirven y abusan de éste: algunos políticos, clérigos, funcionarios, y policías; y están los que timan para comer. Sean como el señor Moreno, o sean gente sin influencias, timar no es humano. Pero la palabra timar sí parte del vocabulario humano, sin embargo, por su poco uso ha entrado a las filias de los arcaísmos, es decir, es una palabra que se usó en épocas pasadas y que ya no se emplea tanto. Timar es pues arcaísmo, al entender que: “las palabras o expresiones de la lengua que en algún momento han dejado de usarse lo son”. Timar, ha llegado de lenguas áticas: τιμαω (timao> timar), es decir honrar, recompensa. El significado es su contrario por la acción, por ejemplo: Sofía ha sido timada; el ladrón timó mi bolsillo; me timaron; lo que indica que a Sofía le tomaron su honor, mi recompensa fue expoliada, etcétera. El engaño, el hurto, saqueo y las falsas esperanzas son actos en contra del honor de la víctima. Por extensión entendemos que, a quien no se tima, se le estima, es decir, se le honra. Así es que, a todos aquellos que por su posición pública y de poder detrás de los altares o de un cabildo, al son peculiar de una campana que igual suena el sacristán como el recolector de inmundicia: vayan y timen a su madre, al fin que ya lo llevan haciendo por años.

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