• Mayor inflación y precio petrolero
  • Pegan sus locuras en América Latina

Carlos Fernández-Vega

Entre los profundos daños causados por su enloquecida agresión militar contra Irán, que ha llevado a Estados Unidos a una total cuan vergonzosa derrota, Donald Trump aparece como responsable directo del aumento sostenido de los precios internacionales del petróleo, su efecto directo tanto en el avance de la inflación global como en el costo del financiamiento (tanto de la deuda ya registrada, como de los nuevos préstamos, casi siempre destinados a pagar intereses de la misma) y, desde luego, en las economías subdesarrolladas que dependen de la importación de oro negro refinado.

Desde el inicio de su segunda estancia en la Casa Blanca (sin olvidar las decisiones tomadas en su primer mandato), las caprichosas decisiones imperiales de Trump se han estrellado permanentemente con la realidad, dado que han sido un disparo en el pie de su propio país, de sus mercados y, sobre todo, de sus consumidores a quienes prometió el oro y el moro si lo llevaban de nuevo a la primera magistratura, pero que en los hechos les ha significado un notorio deterioro de su nivel de bienestar, mientras el magnate naranja guerrea por todas partes. Pero con Irán se topó con pared y, más allá de su apabullante cuan histórica derrota, Trump ha pasado la factura a todo el planeta.

No es gratuito que días atrás el propio Banco Mundial reconoció que el crecimiento económico mundial ha caído a su nivel más bajo desde el covid-19, “derivado del alza de los precios de la energía, una inflación más pronunciada y el aumento en los costos de los préstamos”, y “a medida que el conflicto en Oriente Medio continúa generando un aumento en los precios de la energía, se proyecta que el crecimiento mundial se desacelerará y que los mercados emergentes y las economías en desarrollo registrarán el menor avance del ingreso per cápita desde la pandemia”.

Esa propia institución financiera “multilateral” (que en realidad responde a las directrices de Washington) ofrece su lectura sobre el impacto en América Latina y el Caribe, la cual no resulta nada grata, porque, sostiene, “los acontecimientos recientes en la región han estado marcadas por el conflicto en Oriente Medio (léase la agresión militar de Estados Unidos e Israel a Irán) y la creciente incertidumbre mundial. Los precios de la energía mundiales más altos y volátiles han elevado la inflación en algunos casos, lo que ha llevado a una política monetaria más restrictiva.

Aun así, dice, el conflicto ha tenido sólo impacto moderado a través de los canales financieros, ya que los diferenciales de los bonos soberanos y los tipos de cambio en las principales economías de la región se mantienen, en términos generales, estables. Esto se debe, en parte, a la condición de exportadoras netas de energía de varias economías importantes que les confiere más resistencia ante las conmociones externas, así como a perfiles de endeudamiento compuestos por deuda en moneda local, lo que reduce su vulnerabilidad a las fluctuaciones cambiarias.

La inflación, sostiene el Banco Mundial, siguió moderándose en gran parte de la región a comienzos de 2026 antes de la escalada bélica promovida por Estados Unidos e Israel, “pero los avances en la desinflación se desaceleraron en algunos casos y a partir de entonces las diferencias entre países se acentuaron más, contribuyendo a trayectorias de política monetaria cada vez más distintas. La desinflación se ha estancado en medio de nuevas presiones relacionadas con la energía en Brasil, y la inflación básica aún elevada en México. Entre tanto, las presiones inflacionarias ya se habían intensificado en Colombia antes del conflicto, lo que impulsó políticas más estrictas”.

El Banco Mundial prevé que el crecimiento en América Latina y el Caribe se desacelerará a 2.2 por ciento en 2026, como reflejo de una demanda interna aún débil y un menor dinamismo de la economía mundial, para fortalecerse de manera gradual durante 2027-2028 hasta alcanzar un promedio de 2.5.

La exposición de México a la crisis de los precios de la energía es limitada, dada su posición comercial energética ampliamente equilibrada y los esfuerzos fiscales para contener su impacto. Las perspectivas económicas del país están determinadas principalmente por la demanda interna y las condiciones del comercio exterior, en particular con respecto a Estados Unidos y la revisión del T-MEC.

Las rebanadas del pastel

Felipe Calderón exporta su ilegal “haiga sido como haiga sido” y la ultraderecha latinoamericana lo aplica tal cual, siempre con la “ayuda” de la Casa Blanca, que para eso tiene varias “perritas de Trump”.

Twitter: @cafevega

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