David Brooks, corresponsal
Nueva York. El atentado “terrorista” en un pasillo del sistema del metro en Nueva York esta mañana de inmediato fue utilizado políticamente por el gobierno de Donald Trump para impulsar sus políticas antinmigrantes y justificar de nuevo las guerras más largas de la historia de este país.
A las 7:20 hora local un hombre detonó una bomba casera atada a su cuerpo al interior de un pasillo peatonal dentro del complejo de transporte público más transitado de la ciudad de Nueva York, el cual conecta con tres líneas de metro entre Times Square y la Octava Avenida donde también se ubica la central de autobuses (Port Authority Bus Terminal).
La explosión se escuchó en los túneles del metro debajo del centro de Manhattan mientras que el humo circuló en partes de la central de autobuses, provocando pánico y una respuesta masiva de las autoridades policiales en hora pico en uno de los lugares más ocupados de la ciudad. Cuatro personas sufrieron heridas, ninguna grave.
El sospechoso del atentando sobrevivió y fue detenido por la policía. Identificado por las autoridades como Akayed Ullah de 27 años de edad, el inmigrante de Bangladesh que reside legalmente en Brooklyn sufrióquemaduras y se encuentra en estado serio en el hospital público Bellevue. Emigró a Estados Unidos en 2011 con una visa permanente bajo el patrocinio de un familiar residente aquí.
Seleccionó la ubicación por sus carteles de Navidad, recordando atentados parecidos en Europa contra mercados navideños y dijo que su acto fue en respuesta a bombardeos estadunidenses contra el Estado Islámico (EI) en Siria y otros lugares, informaron oficiales de seguridad pública al New York Times, indicando que Ullah está hablando con ellos en el hospital.
El alcalde de Nueva York, Bill de Blasio, informó poco después del atentado que “esto fue un atentado terrorista” pero que fue un acto solitario y que no se habían detectado a otros conspiradores ni más explosivos. Agregó que “la selección de Nueva York siempre es por una razón, porque somos un faro al mundo, y realmente demostramos que una sociedad de muchas fes y orígenes puede funcionar”. Acusó que “los terroristas desean minar eso”.
El gobernador de Nueva York, Andrew Cuomo, recordó que “esto es Nueva York, somos un blanco para muchos que desean hacer una declaración contra la democracia, la libertad. Tenemos la Estatua de la Libertad en nuestro puerto”. Señalando que cualquiera puede construir una bomba casera para actos viles, afirmó que por otro lado “este es Nueva York y todos contribuimos juntos… regresemos a trabajar, no permitiremos que nos interrumpan”.
Pero el mensaje del gobierno de Trump fue diferente, enfatizando la necesidad de medidas antimigrantes y control fronterizo. Pocas horas después del incidente, el presidente, en una declaración donde se le olvidó una vez más expresar su solidaridad, calificó el incidente como un “intento de ataque de asesinato masivo” y argumentó que el sistema migratorio “flojo” permite el ingreso de “demasiadas personas peligrosas e inadecuadamente verificadas” al país. Concluyó que la “migración en cadena de familias extendidas” es “incompatible con la seguridad nacional”, e instó a que el Congreso adopte sus medidas para poner fin a este tipo de migración entre familias y ampliar las fuerzas de control migratorio.
La vocera de la Casa Blanca Sarah Huckabee Sanders declaró que el atentado “resalta la necesidad de que el Congreso trabaje con el presidente sobre reformas migratorias para mejorar nuestra seguridad pública y la seguridad fronteriza. Subrayó que “la política del presidente llama por un fin a la inmigración en cadena”, en referencia a la inmigración de familiares de residentes inmigrantes en este país. “Si su política hubiera sido implementada, entonces a este atacante no se le hubiera permitido venir al país”, concluyó.
Afirmando que las operaciones militares contra EI han tenido “grandes logros”, repitió el mantra que se originó en el 11-S de 2011: “tenemos que destruir la ideología malévola detrás de EI y atentados como el de hoy”.
Este fue el segundo atentado en Nueva York en dos meses por alguien actuando de manera “solitaria” pero “inspirado” por EI. El 31 de octubre, el día de Halloween, un inmigrante de Uzbekistán con residencia legal atropelló deliberadamente a gente en un carril para bicicletas matando a ocho (siete de ellos parte de un grupo de amigos argentinos visitando la ciudad) e hiriendo a por lo menos 12, en lo que fue calificado como el peor atentado “terrorista” en esta ciudad desde el 11-S
Aunque al fin del día, gran parte del sistema de transporte regresó a la normalidad, durante las primeras horas toda línea del metro suspendió paradas en la Calle 42 al centro de Manhattan, y la masiva central de autobuses fue evacuada. En las calles aledañas, un ejército de vehículos de emergencia congestionaron la zona, con pasajeros tratando de entender qué ocurría y cómo llegar o salir de la zona para llegar a sus destinos. Esta noche, casi todo transporte estaba funcionando normalmente y el alcalde anunció que no hay más “amenazas creíbles” en este momento.
Sin embargo, se avisó que había un incremento en la presencia de fuerzas de seguridad pública en puntos claves de la metrópolis.
Pero, como todos dicen, este es Nueva York, y también brotó la actitud desafiante y el humor negro. En las calles y en las redes había mensajes de solidaridad y otros como el que afirmaba que “fuera de Nueva York todos gritan atentado terrorista con horror, mientras aquí dentro de Nueva York uno se queja de que el gran logro de un perdedor fue demorar mi viaje de metro por otros 38 minutos”. Otro afirmaba que “la línea F no necesita una bomba casera para estar siempre demorada de chingada”. El periódico satírico The Onion resumió la actitud: “Funcionarios del transporte público aseguran a los neoyorquinos que el metro hoy funcionaría igualmente de la chingada como siempre”.







