Luis Ricardo Guerrero Romero

También según lo amerita, me gusta camelar desde el ritual sonoro cual vibrante órgano religioso. Puesto que es todavía propio encontrarse con la desventura de templos con música lúgubre que antes de invitar a celebrar, incentivan netamente al suicidio, o por qué no, replicar el interfecto por antonomasia del cual fue víctima voluntaria un tal Jesús. Por eso estoy en las filas de los coros de este templo, para llevar a cabo el ejercicio del coqueteo, del acortejar a quien en secreto deseo.

Claro que he recibido críticas serias y en mi familia no he encontrado consuelo, desde mi esposa hasta mi sexto hijo me han juzgado de llevar a cabo en mi adultez una agalmatofilia vulgar. Yo sé que no es así, sé más bien que esa imagen de bulto es más bulto que símbolo y por eso le canto en este lugar. He visto otras reproducciones de ella, pero sus prominentes nalgas son diferentes aquí en este santuario. Fuera de mi familia nadie sabe de mi fascinación por llegar temprano a misa y estar seduciendo a la santa, pero ¿qué culpa puedo albergar si desde Pigmalión hasta nuestra era esto ha sido más que común? A veces veo que me sonríe, canto y estoy seguro de que me escucha, con flores y veladoras enternezco su estuco corazón. Tiene la prominente imagen mis plegarias, pero con celo me percato que hay otros más al igual que yo buscando cautivarla.

Mañana será su día, y muchos enamorados como yo estaremos ofreciendo lo más valioso que tiene el ser humano, nuestro tiempo, el cual se quedará petrificado emulando su inoperable presencia.

¿Qué le resulta al hombre prominente?, ¿de dónde a dónde es el parámetro para que esto sea una cosa genuina? Más aún, cuál es la medida para discriminar lo prominente de lo no prominente. Tal adjetivo es herencia de la lengua latina. La voz prominente es ahora nuestro tema omnipotente, en el subconsciente a veces pertinente es por demás un asunto jamás semideponente y esto debe sumamente al eminente e inminente uso de la palabra.

Tal vez suene más familiar la palabra emisor para el caso que vamos a desarrollar, y es que el adjetivo en cuestión esta hermanado con lo antes dicho; a partir del latín: emineo es decir, saliente, resaltar, superior, extraordinario. Por otra parte, la voz eminus, de lejos a distancia es a la vez radical de pro-minente. De allí que, el emisor es aquel que a distancia se ve, comienza una aparición con el otro, él es ineluctablemente la auténtica epifanía. A partir del prefijo pro y la raíz emineo, es como se suscita la palabra prominente. Según nos dicta la historia de nuestra lengua eminente.

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