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Interpreta Cédric Charron solo escénico a la medida

En la obra, un hijo prepara a su padre para el último pasaje de su vida, a la manera del barquero Caronte. Foto tomada de www.troubleyn.be

Merry MacMasters

Guanajuato, Gto.- El conocido director de escena belga Jan Fabre (Amberes, 1958) no hizo la obra Espera, espera, espera… para mi padre para cualquier persona. Al contrario, la creó para el artista del performancefrancés Cédric Charron, quien debutó con este solo intenso, agresivo e inquisitivo la noche del viernes en el Teatro Juárez.

Además, su concepto tomó varios años en desarrollarse hasta que llegó el momento en que el binomio dijo, “ah, aquí está”, expresó Charron, economista de formación –luego estudió interpretación y danza-, quien trabaja con Fabre desde 1999.

Con el tiempo la pieza “ha podido incorporar la materia de las investigaciones de Fabre en el cuerpo de su trabajo”, ya que con él Charron desarrolló una serie de guidelines (líneas conductoras) para esto. Se considera “una persona que sirve de puente para ese saber”. El trabajo es como el vino que mejora con el tiempo, agregó en charla con la prensa.

Fabre no viajó a México para la presentación del solo dentro del 45 Festival Internacional Cervantino (FIC), de allí que Charron explicó que para la creación de Espera, espera, espera… el artista multimedia, a fin de trabajar sobre la figura del padre, hizo una serie de entrevistas que contenían ciertas preguntas. Con base en este material y a raíz de la historia personal que ambos comparten, Fabre creó el texto basado en algo real.

La obra, de hecho, es un discurso imaginario que dirige un hijo a su padre. No obstante, Fabre piensa que “lo más interesante de la labor artística es ir más allá de la realidad, trasponerla y abrirla al espectador”. A lo largo de una hora, el protagonista, de cabellera y barba largas y vestimenta roja, se desplaza entre una bruma que invade, luego se retira, para volver de nuevo.

A la manera del barquero Caronte, el hijo prepara al padre para el último pasaje de su vida. Poco a poco le entrega en forma de óbolo, contraseña o pasaporte, una serie de monedas de plata, una para poner en la frente, otra, en el pecho, una tercera para el ojo izquierdo, luego el derecho, sus pies, y finalmente su boca. Es todo un ritual.

Para Charron toda obra de Fabre es “un reto artístico, una aventura, que encierra una gran responsabilidad”.

JSL
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