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Con las cámaras del C5 ubican a menores que laboran en las calles

Gabriela Romero Sánchez Desde el 30 de junio los lentes de las cerca de 15 mil cámaras de vigilancia del C5 (Centro de Comando, Control, Cómputo, Comunicación y Contacto Ciudadano) son una herramienta más del Gobierno de la Ciudad de México para ubicar a niños, niñas y adolescentes que venden dulces, hacen malabares, piden limosna o enfrentan una situación de riesgo en las calles de la capital del país. Es un proyecto piloto que ya ha dado resultados; hemos ubicado 197 puntos, de los cuales 125 fueron por medio del C5, principalmente en las delegaciones Cuauhtémoc, Benito Juárez, Coyoacán, Miguel Hidalgo, Gustavo A. Madero, Iztapalapa y Venustiano Carranza, y 72 casos fueron reportados por la Secretaría de Desarrollo Social local, detalló el director del Sistema para el Desarrollo Integral de la Familia (DIF) de la Ciudad de México, Gustavo Gamaliel Martínez Pacheco. Desmenuzó, en entrevista, que en este tiempo han sido atendidas 490 personas, de las cuales 75 por ciento son niñas, niños y adolescentes, que en conjunto forman 160 familias que trabajan en la calle, y de éstas, alrededor de 112 viven en los municipios mexiquenses de Nezahualcóyotl, Chimalhuacán, Naucalpan y Ecatepec, o son originarios de los estados de Oaxaca, Veracruz, Puebla, Michoacán y Chiapas. Martínez Pacheco refirió que se han encontrado familias que vienen unos días a la Ciudad de México a trabajar para juntar algo de dinero y regresan a su pueblo, por lo que se está en contacto con los DIF estatales para ver con qué programas los pueden apoyar en su lugar de origen y así evitar que retornen. Una vez que el C5 detecta un punto donde hay menores laborando o acompañando a sus padres en un camellón o una esquina, se pasa el reporte con la foto en tiempo real y la ubicación al DIF capitalino, que de inmediato envía al sitio a una brigada integrada por sicólogos, abogados, trabajadoras sociales, y una unidad médica móvil. Al llegar al sitio las trabajadoras sociales hablan con los adultos mayores que están con los pequeños para establecer el parentesco, se les pide una identificación y se les pregunta si los niños van a la escuela. Mientras, un abogado les explica que los menores no pueden estar trabajando en la calle y les leen la carta de derechos de este sector, la cual deben firmar, y se les advierte que de volver a llevarlos se dará vista al Ministerio Público. A la par, los sicólogos, mediante juegos de mesa, se ganan en segundos la confianza del menor, y poco a poco van haciéndoles preguntas. Información que luego cruzan con la que dieron los mayores, y así verificar que no son víctimas de violencia. Por ejemplo, ayer, la directora ejecutiva de la Procuraduría de Protección de Niños, Niñas y Adolescentes, dependiente del DIF local, Mónica Ávila, recibió el primer reporte del C5 a las 8:38, y para las 10:45 ya tenía seis más, sólo en la delegación Benito Juárez. En el recorrido se atendió el caso de un niño de dos años y medio amarrado de la cintura con el cordón de una mochila a la reja de una jardinera en el Eje Central, que le permite caminar sólo unos pasos. A menos de medio metro está el comal donde su mamá y su abuela hacen gorditas y quesadillas para vender. A la salida de la estación Zapata del Metro se encontró a dos pequeñas, de siete y 11 años, ayudando a su abuela y a su mamá, en el mismo orden, a vender fruta y tamales. Y en el Eje 5, cuatro menores aprovechaban la luz roja del semáforo para hacer malabares con pelotas. Dijeron que venían de San Miguel Mitontic, Chiapas, y que estaban con Julio, padre de dos de ellos; sin embargo, nunca se acercó y después de recorrer la zona por más de una hora sin encontrarlo, fueron trasladados a la agencia 54 del Ministerio PúblicoP. La fiscal explicó que se inició una denuncia por omisión de cuidados en contra de quien resulte responsable. Mientras llega el papá a buscarlos se les llevó a una casa-hogar para que permanezcan juntos los cuatro.

Gabriela Romero Sánchez

Desde el 30 de junio los lentes de las cerca de 15 mil cámaras de vigilancia del C5 (Centro de Comando, Control, Cómputo, Comunicación y Contacto Ciudadano) son una herramienta más del Gobierno de la Ciudad de México para ubicar a niños, niñas y adolescentes que venden dulces, hacen malabares, piden limosna o enfrentan una situación de riesgo en las calles de la capital del país.

Es un proyecto piloto que ya ha dado resultados; hemos ubicado 197 puntos, de los cuales 125 fueron por medio del C5, principalmente en las delegaciones Cuauhtémoc, Benito Juárez, Coyoacán, Miguel Hidalgo, Gustavo A. Madero, Iztapalapa y Venustiano Carranza, y 72 casos fueron reportados por la Secretaría de Desarrollo Social local, detalló el director del Sistema para el Desarrollo Integral de la Familia (DIF) de la Ciudad de México, Gustavo Gamaliel Martínez Pacheco.

Desmenuzó, en entrevista, que en este tiempo han sido atendidas 490 personas, de las cuales 75 por ciento son niñas, niños y adolescentes, que en conjunto forman 160 familias que trabajan en la calle, y de éstas, alrededor de 112 viven en los municipios mexiquenses de Nezahualcóyotl, Chimalhuacán, Naucalpan y Ecatepec, o son originarios de los estados de Oaxaca, Veracruz, Puebla, Michoacán y Chiapas.

Martínez Pacheco refirió que se han encontrado familias que vienen unos días a la Ciudad de México a trabajar para juntar algo de dinero y regresan a su pueblo, por lo que se está en contacto con los DIF estatales para ver con qué programas los pueden apoyar en su lugar de origen y así evitar que retornen.

Una vez que el C5 detecta un punto donde hay menores laborando o acompañando a sus padres en un camellón o una esquina, se pasa el reporte con la foto en tiempo real y la ubicación al DIF capitalino, que de inmediato envía al sitio a una brigada integrada por sicólogos, abogados, trabajadoras sociales, y una unidad médica móvil.

Al llegar al sitio las trabajadoras sociales hablan con los adultos mayores que están con los pequeños para establecer el parentesco, se les pide una identificación y se les pregunta si los niños van a la escuela. Mientras, un abogado les explica que los menores no pueden estar trabajando en la calle y les leen la carta de derechos de este sector, la cual deben firmar, y se les advierte que de volver a llevarlos se dará vista al Ministerio Público.

A la par, los sicólogos, mediante juegos de mesa, se ganan en segundos la confianza del menor, y poco a poco van haciéndoles preguntas. Información que luego cruzan con la que dieron los mayores, y así verificar que no son víctimas de violencia.

Por ejemplo, ayer, la directora ejecutiva de la Procuraduría de Protección de Niños, Niñas y Adolescentes, dependiente del DIF local, Mónica Ávila, recibió el primer reporte del C5 a las 8:38, y para las 10:45 ya tenía seis más, sólo en la delegación Benito Juárez.

En el recorrido se atendió el caso de un niño de dos años y medio amarrado de la cintura con el cordón de una mochila a la reja de una jardinera en el Eje Central, que le permite caminar sólo unos pasos. A menos de medio metro está el comal donde su mamá y su abuela hacen gorditas y quesadillas para vender.

A la salida de la estación Zapata del Metro se encontró a dos pequeñas, de siete y 11 años, ayudando a su abuela y a su mamá, en el mismo orden, a vender fruta y tamales.

Y en el Eje 5, cuatro menores aprovechaban la luz roja del semáforo para hacer malabares con pelotas.

Dijeron que venían de San Miguel Mitontic, Chiapas, y que estaban con Julio, padre de dos de ellos; sin embargo, nunca se acercó y después de recorrer la zona por más de una hora sin encontrarlo, fueron trasladados a la agencia 54 del Ministerio PúblicoP.

La fiscal explicó que se inició una denuncia por omisión de cuidados en contra de quien resulte responsable. Mientras llega el papá a buscarlos se les llevó a una casa-hogar para que permanezcan juntos los cuatro.