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Raquítica, cultura científica en México: Fernando del Río

Fernando del Río Haza es profesor emérito de la Universidad Autónoma Metropolitana. Ha dedicado 41 años a la formación de científicos. Foto cortesía UAM / Alejandro Juárez Gallardo

Por Arturo Sánchez Jiménez

El físico Fernando del Río Haza, de 75 años, es profesor emérito de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) y ganador del Premio Nacional de Ciencias y Artes 2015 por sus investigaciones en termodinámica y mecánica estadística, así como por sus más de 41 años dedicados a la formación de científicos. Ríe, para luego afirmar que tiene trabajo para rato, aunque ya estáen la tercera edad científica. La sonrisa desaparece cuando habla de la cultura en este ámbito en México. Es raquítica, sentencia.

La ciencia es parte de la cultura de los países, pero en México no parece ser así, afirma en entrevista realizada el viernes pasado en su despacho de la unidad Iztapalapa de la UAM.

“No piensa uno en la revolución francesa sin la Enciclopedia, que fue dirigida por el matemático Jean le Rond D’Alembert. En Méxio se acaba de crear una Secretaría de Cultura que no contempla a la ciencia en sus funciones. Esto es muy grave. Y si esto sucede en las élites que toman decisiones, para el común de la gente es algo totalmente lejano y ajeno”.

Considera que el remedio a esa situación es la divulgación científica, que debe ser parte fundamental de la labor de los jóvenes investigadores del país,porque tienen mejores condiciones que nosotros y no se pueden conformar con investigar correctamente; es necesario difundir el conocimiento.

Necesitamos más becas

Del Río piensa que el panorama laboral para los jóvenes investigadores en México es de contrastes. El problema fundamental es que las plazas de trabajo escasean, sobre todo en la Ciudad de México, pero al mismo tiempo abundan las becas. Necesitamos más, claro, porque perdemos a muchos que no encuentran empleo en el país.

Recuerda que comenzó su carrera de investigador en condiciones muy distintas a las actuales. En los años 60 los ánimos del país eran positivos; teníamos la idea de que podíamos salir adelante, hacer las cosas en México. No había esa desazón y frustración que ahora se siente en el medio social.

Del Río terminó en 1969 sus estudios de doctorado en la Universidad de California en Berkeley y sus colegas daban por hecho que continuaría su carrera en Estados Unidos, pero para mí era obvio que debía regresar a México, porque había mucho que hacer; era necesario empujar la labor científica en el país. Eso era gratificante, aunque las condiciones laborales y salariales no eran muy buenas.

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Fernando del Río Haza es profesor emérito de la Universidad Autónoma Metropolitana. Ha dedicado 41 años a la formación de científicos Foto cortesía UAM/ Alejandro Juárez Gallardo

Asegura que a su generación le tocó impulsar el desarrollo de la ciencia en el país. A los jóvenes investigadores de hoy les toca hacer bien su trabajo y buscar retos nuevos, pero los miro un poco conformistas. Es cierto que tienen dificultades para encontrar empleo, pero también lo es que las condiciones laborales del que obtienen son mucho mejores que las que encontrábamos nosotros.

En su opinión, es insuficiente la divulgación científica en el país. En los periódicos se pueden encontrar algunas noticias, pero son pocas, y en la radio y la televisión, que son las que más auditorio tienen, menos todavía. Entonces, la gente posee una versión de la ciencia que viene de lo poco y malo que aprendió en la educación básica.

Parte de la vida cotidiana

Explica que la ciencia debe estar en la vida cotidiana de todos por dos motivos fundamentales: primero, porque entender cómo funciona la naturaleza es una satisfacción y la ciencia es como el arte en este sentido, no porque todos los ciudadanos deban ser artistas, sino porque sin arte no se puede disfrutar la vida. Es igual con la ciencia y así deberíamos pensarla: sin entender lo que pasa en la naturaleza, tendremos vidas incompletas.

Y, segundo, porque se requieren ciertos conocimientos científicos para funcionar bien como ciudadano. En una sociedad democrática, asegura, se toman decisiones y se requiere información para ello. Ahora, por ejemplo, está la discusión sobre el uso de la mariguana. En favor y en contra de su despenalización se aducen razones médicas, epidemiológicas, del funcionamiento cerebral; de alguna manera los ciudadanos debemos opinar sobre esto. Hay un debate y es necesario contar con los conocimientos para saber quién tiene la razón.