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Secretaría de Cultura e INBAL rechazan violencia por cuadro de Zapata

Las dependencias aclararon que la muestra no gira en torno a una sola pieza, ni a un solo enfoque. Foto Alfredo Domínguez

La Redacción 

Ciudad de México. La Secretaría de Cultura (SC) y el Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura (INBAL), mediante un comunicado rechazaron los actos de violencia e intolerancia que protagonizaron hoy integrantes de la Unión Nacional de Trabajadores (UNTA) en el interior del Palacio de Bellas Artes por el óleo del artista Fabián Cháirez que se incluye en el exposición Emiliano. Zapata después de Zapata.

Las instituciones condenaron cualquier acto de violencia que vulnere los derechos humanos, las libertades de expresión y la creación, porque ellas “constituyen la forma más profunda de nuestra democracia”.

En el documento expresaron: “la violencia e intolerancia nunca tendrán cabida dentro de las instituciones que defienden las libertades ganadas por toda la sociedad mexicana. Rechazamos cualquier tipo de violencia que afecte los derechos humanos. No compartimos la censura como mecanismo de regulación de una sociedad que reclama libertad de expresión y madurez en el diálogo.

Bienvenida la discrepancia y el debate estético y político,  a propósito de una obra que ha cimbrado el umbral del debate entre feminidad y masculinidad. Pero no aceptamos la censura y la violencia como armas de presión política y artística.”

Explicaron también que uno de los propósitos del arte es invitar a reflexionar sobre las problemáticas, los anhelos y las divergencias que habitan en una sociedad que lucha por ser mejor, en la diversidad, en el respeto a los derechos humanos y la libertad creativa, en los derechos de las personas que asumen en su diversidad una parte de su identidad.

“Lamentamos las agresiones que sufrieron dos jóvenes en manos de personas que expresaron insultos basados en la homofobia y la intolerancia. El INBAL le procuró la atención médica necesaria y el acompañamiento legal correspondiente. Rechazamos también las agresiones que sufrieron también representantes de los medios de comunicación.”

Las instituciones, a través del Museo del Palacio de Bellas Artes, expresaron que “respetan el sentir y la opinión del señor Jorge Zapata” y de todas las personas que puedan compartir su punto de vista, pero el arte tiene siempre múltiples interpretaciones y maneras de ser asumido.

“También respetamos el criterio de quienes han encontrado en la pieza La Revolución, del artista chiapaneco Fabián Cháirez, una oportunidad para reflexionar sobre la diversidad y la relación entre feminidad y masculinidad que propone el autor, considerando el espíritu libertario de Zapata. Es derecho del visitante asumir la postura que le sea propia, pero es también su derecho acceder a dicha diversidad”.

Las dependencias aclararon que la muestra no gira en torno a una sola pieza, ni a un solo enfoque, ya que “reúne por primera vez la producción de cien años de imágenes zapatistas”, además de incluir objetos históricos de Zapata, como el sombrero que portaba el día de su muerte o la famosa fotografía con traje de charro de 1911.

En el comunicado se explica que entre los artistas destacados de la exposición se cuentan Diego Rivera, David Alfaro Siqueiros, José Clemente Orozco, María Izquierdo, Miguel Covarrubias, Leopoldo Méndez, Luis Arenal, Arnold Belkin, Alberto Gironella, Héctor García, Felipe Ehrenberg, Graciela Iturbide, Julio Galán, Germán Venegas, Rubén Ortiz Torres, Mariana Botey y Arnaldo Coen.

“La exposición se estructura en torno a cuatro secciones que muestran la evolución iconográfica de la imagen zapatista: 1) Líder campesino 2) Fabricación del héroe de la nación 3) Imágenes migrantes, y 4) Otras revoluciones.

“El primer núcleo estudia la manera en que se conformó la imagen de Zapata a principios del siglo XX por medio de la caricatura política y la fotografía; la segunda sección muestra el papel que desempeñaron los Grandes Muralistas para conformar la imagen del líder revolucionario que pervive hasta nuestros días; la tercera sección se enfoca en las apropiaciones de la imagen de Zapata por parte de la comunidad chicana en Estados Unidos; finalmente, la sección titulada Otras revoluciones explora la manera en que diversos movimientos –la gesta estudiantil de 1968, los movimientos de Rubén Jaramillo, Lucio Cabañas, Genaro Vázquez, el EZLN, y más recientemente la población LGBT+ y el movimiento feminista– han adoptado la imagen de Zapata para abanderar sus causas.

Sobre el cuadro La Revolución, del artista Fabián Cháirez, Luis Vargas Santiago, creador del concepto curatorial, comenta que la obra “retoma a un personaje revolucionario en tanto referente de masculinidad con la finalidad de subvertir modelos hegemónicos de género y revalorar la feminidad. De esta manera, se muestra la vigencia de Zapata en tanto símbolo de resistencia y referente para la visibilización de diversos grupos que protagonizan las luchas sociales contemporáneas.

“Zapata es un héroe a la altura del arte y por eso acompaña los movimientos libertarios de la sociedad mexicana. A Zapata le debemos no solo la defensa de la tierra y de los derechos de los campesinos mexicanos, sino también haber inspirado a una gran diversidad de artistas que retoman el sentido libertario de su legado y lo llevan a múltiples planos. Zapata y su legado, así como también nuestra historia, son patrimonio de todo el pueblo de México, un pueblo generoso que sabe que la libertad y la no rendición fueron sus banderas más importantes”.

Para las instituciones, el Museo del Palacio de Bellas Artes se ha caracterizado por fomentar la libertad y la pluralidad por medio de la difusión del arte. “Este gobierno mantiene una postura de respeto irrestricto a la libertad creativa y de expresión, así como al trabajo calificado de artistas y curadores que trazan itinerarios de miradas múltiples en torno a nuestra historia y nuestro arte. Respetamos los procesos creativos de la comunidad artística y las diversas expresiones en una sociedad plural y democrática que se fortalece a través del diálogo.”

Finalmente las dependencias sostienen que el recinto cultural “es el espacio donde se debate la relación arte y política, donde hoy se ha protegido la libertad de creación”.

JSL
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