Luis Ricardo Guerrero Romero

El señor Cabrera, dirigente de una importante –pero adulterina– firma de empresarios que viven del erario de los parroquianos, había conservado el secreto por años, tanta gente que depositó la confianza en sus honrosos trabajos comenzaba a abdicar su fe a causa de los malos tratos y letanías de mentiras que se habían descubierto a partir de que el único hijo del señor Cabrera –oculto por años–, anunció en las redes sociales, donde luego de una imagen medieval, apuntó: “gloria a mi padre que está en los cielos. Post data: perdóname papá”. La imagen medievalista además de estar adornada por billetes, fruto del lucro de la fe pagana, tenía letras encriptadas que comenzaban con una señal de cruz. El hijo que trabajaba en un despacho jurídico se había cansado de cargar con el peso de ser un bastardo, a causa de la elección profesional de su padre el señor Cabrera. Junto con esa revelación que navajeó a la firma empresarial, se suscitaron otras realidades ocultas, como aquella del secretario Samuel, encargado de la formación y honra de la firma, aunque muy a pesar de su nombramiento, éste vivía en amasiato por el sagrado placer sexual. Como muchos de los adjuntos a la firma estaban iracundos por la mentira en que vivieron, uno de ellos tomó una navaja y junto con una plomada de albañil midió el espacio para terminar con esas farsas poco a poco.

Todo eso y más se supo, mientras en mi mente se quedaba la sentencia de Karl Kraus: “nuestra meta es nuestro origen”.

Varios usos se le ha dado a una navaja, las navajas son un medio práctico y trasportable de llevar el filo a la mano y aunque existen bastantes usos para esta herramienta sin ser la más moderna y rápida para algunos, para otros es un indispensable utensilio. A la navaja se le confunde con su cercano pariente que ostenta llamarse cutter, y toma su nombre simplemente de cut cortar, sustantivo que a la vez viene del latín cutem, rasguñar, ambas palabras en su uso y en su formación lingüística guardan relación con culter, cuchilla para los sacrificios en Roma. No obstante, ya desde el antiquísimo periodo griego, la voz ξυρεω (x[k]upeo) y ξυρον (x[k]uron), tonsurar y navaja o momento crítico, respectivamente, nos dicen sobre el advenimiento de nuestra palabra navaja, pues en la antigua ciudad helena, tal como ahora en el inglés, el sonido /cu/ < ξυω (kuo, estregar afinar o raspar) daba la idea de hacer una incisión, y el que algo o alguien tenga un navajazo, nos narra una historia por descubrir, como lo vemos en la película de Cara cortada, Scarface. No obstante, siguiendo con la historia de la palabra que nos atañe, entendemos que es desde el latín novacula, de donde surge la voz navaja, y ésta sufrió un cambio vocálico en nuestra lengua de /o/ se trocó en /a/: navacula. Corominas señala que en portugués se enuncia navalha, y podemos entender o hipotetizar que la /h/ se cambió a /j/; dándonos la palabra navaja. Además, recordemos que nuestra primitiva palabra se conformaba del sufijo latino: cula o culum, que significa instrumento o medio y en algunos casos lugar, como vehiculum, vehículo; vehere: transportar. Navaja es entonces instrumento para cortar, lo mismo que un cutter (anglicismo). Otro uso de la navaja se estudia en filosofía con Guillermo de Ockam, el noble prefecto de la práctica escuela nominalista. Ockham con su navaja –en pocas palabras–, postuló cortar (delimitar) en el mínimo de conceptos las ideas que surgieran, así su principio de economía nos indica: entia non sunt multiplicanda praeter necessitatem (no deben multiplicarse las entidades [términos o conceptos] más de lo necesario). Entonces, la navaja no es un peligro, es una herramienta para serenar lo innecesario de San Luis, como al señor Cabrera y sus adictos.

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