Bernardo Bátiz V.

Venezuela está en el centro del debate internacional desde el 3 de enero, cuando se le ocurrió al presidente Donald Trump dar el manotazo autoritario y sin sustento legal, “por sus pistolas”, como se dice en México, y secuestró a Nicolás Maduro. Venezuela, diminutivo de Venecia, es un país más bien pequeño que grande, de ningún modo una potencia militar, pero eso sí, rico en recursos naturales especialmente petróleo.

El acontecimiento arbitrario e inesperado ha causado asombro y sacudido a todo mundo, pero no sólo por lo ya sucedido. El precedente no puede ser admitido de ningún modo; lo que sabemos es que el presidente de Estados Unidos, uno de los países más poderosos del mundo, tuvo la ocurrencia de ordenar y llevar a cabo el secuestro de otro presidente, sin que mediara declaración de guerra ni reclamación formal; se dio la orden y un comando armado y bien entrenado la ejecutó a mansalva, con lujo de violencia y decenas de muertos y heridos de por medio. Fue un descaro entrar violentamente a un país soberano, secuestrar a su mandatario, llevarlo a Nueva York y someterlo a juicio; es algo que no sucede todos los días y no puede dejarnos impávidos; tenemos que debatir el punto, independientemente de lo malo o terrible que pudo haber sido el secuestrado.

El sistema jurídico internacional, que se ha sostenido con mucho trabajo y altibajos desde la fundación de la ONU en 1945, quedó destrozado por el golpe de mano de un país poderoso. Las reglas de derecho internacional fueron burladas y la libertad de una persona fue atropellada sin más, en un acto arbitrario que debe preocuparnos mucho y a todos.

La Iglesia católica, por voz del papa León XIV, pide por “el bienestar de los venezolanos, que debe estar por encima de cualquier otro interés”. El pontífice hizo hincapié en dos puntos muy importantes, la necesidad de garantizar la soberanía y respetar el estado de derecho. Lo dijo tras el rezo del Ángelus, desde la ventana del Palacio Apostólico. Varios países latinoamericanos, entre ellos México, Colombia, Costa Rica y otros, junto con España, también señalaron lo grave del incidente. Nuestra presidenta, Claudia Sheinbaum, fue oportuna y prudente al reprobar lo sucedido.

La Guerra Fría que siguió a la Segunda Guerra Mundial fue un periodo durante el cual hubo un equilibrio que impedía el enfrentamiento entre los estados socialistas encabezados por la entonces denominada Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas y los países del libre mercado encabezados por Estados Unidos; se mantuvo por mucho tiempo y permitió que el mundo tuviera una paz relativa, aun y cuando se daban algunos enfrentamientos; los más graves, recientemente, la invasión de la franja de Gaza por Israel y el choque entre Rusia y Ucrania.

Para nosotros, los mexicanos, no debiera de tratarse de una sorpresa. Lo que ahora vemos se parece a hechos similares acontecidos a través de la historia; recordemos la expedición punitiva del ejército gringo, durante el gobierno de Carranza, para perseguir al revolucionario mexicano Pancho Villa, que había tenido la osadía de tomar durante muy breve tiempo la ciudad estadunidense de Columbus, muy cercana a la frontera. Otro hecho, sin duda muy doloroso, en el siglo XIX, fue la injusta guerra que culminó con la pérdida de una gran parte del territorio mexicano, que si bien se encontraba despoblado en buena parte, nos pertenecía legalmente y nos fue arrebatado por la fuerza; de ese hecho quedan como recuerdos “en el otro lado” los nombres de Nuevo México y los de San Francisco, Los Ángeles, San Antonio y otros menos conocidos. (No dejo de mencionar una población que ni siquiera tengo la certeza de que exista: “Falfurrias”, Texas)

Pero para redondear esta colaboración, referida a un hecho preocupante de actualidad, recuerdo precedentes medio olvidados, al inicio del siglo XIX, concluidas ya las guerras de Independencia para separarnos de España, se intentó formar una “liga y confederación perpetua” de la que fueron protagonistas México y la entonces Gran Colombia, que abarcaba a Venezuela y otros estados como Centroamérica, aún no convertida en un mosaico de pequeñas autonomías, Perú y Chile.

Simón Bolívar fue uno de los promotores de este intento, junto con varios enviados del gobierno de Iturbide; el asunto iba bien, sus objetivos eran lograr una unidad defensiva de la independencia recién obtenida, para frenar la ambición de países que como Inglaterra y Francia, veían en nuevos estados latinoamericanos un posible botín, una oportunidad para sus ambiciones imperialistas; países, Belice y las Guayanas, “son polvos de aquellos lodos”.

El esfuerzo parecía que iba bien encaminado, pero fue evidente que los invitados no deseados de Estados Unidos e Inglaterra lo consideraran (para ellos), peligroso e impidieron que se llegará a buen fin. La primera reunión fue en Panamá, la segunda sería en Tacubaya, pero no pudo efectuarse por obstáculos e intrigas de las potencias mencionadas. Así que abusados.

jusbb3609@hotmail.com

Reloj Actual - Hora Centro de México