Luis A. Boffil Gómez, corresponsal

Mérida, Yuc. Los asesinos de Emma Gabriela Molina Canto, ultimada el 27 de marzo, fueron finalmente vinculados a proceso pero no por feminicidio como demandaban la Fiscalía General del Estado y los familiares de la víctima, sino por homicidio calificado al ser reclasificado el delito por el juez Luis Edwin Mugarte Guerrero, encargado del expediente.

En audiencia, la noche del lunes, los tabasqueños Oscar Miguel López Tovilla y Jonathan Mézquita Avalos fueron vinculados, conforme al nuevo sistema de justicia oral, por homicidio calificado con premeditación, alevosía y ventaja, además de los delitos contra la salud en su modalidad de narcomenudeo por posesión simple de cocaína y portación de armas e instrumentos prohibidos.

Mugarte Guerrero dictó un año y cuatro meses de prisión preventiva para los criminales, mientras se desahogan las pruebas del expediente. El argumento del juez es que la Fiscalía se basa en que Martín Alberto Medina Sonda es, ex esposo de la mujer asesinada, es el autor intelectual del crimen, pero no hay pruebas contundentes de ello.

La Fiscalía presentó una serie de datos y medios de prueba para demostrar la participación de dos personas más (un tabasqueño y un yucateco), quienes presuntamente por indicaciones del mismo Medina Sonda -preso desde 2014 en un penal de Villahermosa por delitos como sustracción de menores y complicidad en el desfalco al erario del gobierno de Tabasco, durante la gestión de Andrés Granier Melo, también encarcelado en la Ciudad de México- participaron en la planeación y ejecución del asesinato.

 En la audiencia, la defensoría pública de los vinculados sostuvo que no se sostenía el delito de feminicidio bajo los argumentos esgrimidos por los fiscales basados en la fracción IV del artículo 394 del Código Penal del Estado, que señala que “existen razones de género” en la privación dolosa de la vida de una mujer, cuando hay una pretensión infructuosa del sujeto activo de establecer o restablecer una relación de pareja o de intimidad con la víctima.

El juez pidió a los fiscales alguna argumentación sobre los posibles autores intelectuales del delito; al no tener respuesta le preguntó a Ligia Canto Lugo, madre de Emma Gabriela Molina, si quería hacer uso de la palabra. Entonces, ella aseguró que Medina Sonda es el autor intelectual de la muerte de su hija y que ésta fue víctima de acoso, amenazas y delitos fabricados que la mantuvieron en la cárcel; también que Medina Sonda y demás familiares, entre ellos hermanas y padres, en diversas formas, intentaron públicamente desacreditarla como madre y mujer respetable.

La señora precisó que fue evidente el odio que Medina Sonda tuvo contra su hija, asesinada con 11 puñaladas. “¿Qué otra persona podía tener más interés en que despareciera? El es el único beneficiado en que desapareciera mi hija de este mundo”, exclamó Ligia Canto, de acuerdo con un comunicado del Poder Judicial del Estado.

Mugarte Guerrero interrogó al asesor jurídico si estas probanzas expresadas por la víctima indirecta constaban en la carpeta de investigación actual; aquél respondió negativamente.

Posteriormente, el juez sostuvo que sería una “infortunada” la clasificación de feminicidio con base en los datos presentados por los fiscales, porque no se acusó a Medina Sonda como autor o coautor de la muerte de Emma Gabriela Molina Canto porque, aparentemente, carecen de elementos para hacerlo.

Darle un susto

En un acta de entrevista, Mézquita Avalos relató que el 25 de marzo, su copartícipe, en Villahermosa, Tabasco, le propuso “ganarse un dinero” en Mérida, pues un conocido suyo le había encomendado darle un “susto” a una mujer, pero sin hacerle daño a sus hijos, porque de otro modo lo pagarían con sus vidas. Que por ese trabajo recibiría cada uno 30 mil pesos.

También que junto con Oscar Miguel se vieron en la terminal de camiones de Villahermosa con un sujeto que le dio instrucciones y que había comprado los boletos de autobús y visto dónde se iban a hospedar.

El domingo 26 de marzo, a las 9 de la mañana, llegaron a Mérida y se hospedaron en el hotel “Dolores del Alba”.

A la una de la tarde, un amigo yucateco de Oscar, se contactó con él por Whatsapp que les indicó que bajaran para tomar un taxi y los llevó al lugar donde iban a hacer el trabajo, el fraccionamiento San Luis, al oriente de Mérida. Entraron a la tienda “La Guadalupana”, tomaron unos refrescos y comieron unas botanas, al tiempo que les mostraba la casa de la víctima, para luego regresar al hotel.

A la mañana siguiente, lunes 27 de marzo, el amigo de su copartícipe recibió otro mensaje de celular, en el que les indicaban que bajaran y abordaran un vehículo rojo de modelo reciente y el contacto local se sentó en el asiento del copiloto y ellos en la parte de atrás, al tiempo que les indicaba que no vieran a su conductor.

Llegaron de nuevo a la casa de la mujer, a la cual vieron y les señalaron como la persona que iba a recibir el “susto”.

A las tres de la tarde, regresaron en un taxi y se apostaron en la tienda, hasta que vieron llegar a la víctima y corrieron para completar su cometido.

Una vez en el taxi que los regresó al centro de Mérida, López Tovilla se comunicó con su “contacto”, al cual le dijo que la misión estaba cumplida y habían matado a la mujer y éste, a su vez, le preguntó cómo estaban los niños, respondiéndole que bien.

Lo mismo escuchó el chofer del vehículo de alquiler que, al igual que el ciclista que participó en la detención de los asesinos, ampliaron sus declaraciones.

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