Fernando Camacho Servín
Ciudad de México. En México se vive una situación de “violencia colectiva” –alimentada también por la violencia de Estado–, que ha dejado miles de personas muertas y desaparecidas, pero también graves repercusiones en la salud mental de buena parte de la sociedad, cuyos efectos han sido invisibilizados, señalaron los asistentes al Foro Nacional “Hablemos de las Heridas”.
Juan Ramón De la Fuente, integrante del Seminario de Estudios sobre la Globalidad, de la Universidad Nacional Autónoma de México, subrayó que un elemento de este clima de violencia colectiva es la militarización del territorio nacional, que ha buscado “con poco éxito” contener la ola de violencia que sufre el país.
“Hay que reconocer que tiene efectos colaterales y que hay otras medidas que deberían estar acompañando” a las víctimas de la violencia, que es la fuerza social y no militar del Estado.
Emilio Álvarez Icaza, ex ombudsman capitalino y ex integrante de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, coincidió en que “no se puede entender la violencia en México sin la violencia institucional”, la cual le ha negado incluso la categoría de víctima a quienes han padecido las consecuencias de este fenómeno de inseguridad.
María Elena Medina-Mora, del Instituto Nacional de Psiquiatría “Ramón De la Fuente Muñiz”, advirtió que la violencia social tiene implicaciones muy graves en la salud mental de quienes la padecen de forma directa o indirecta, e incide en el surgimiento de conductas agresivas, suicidio y adicciones.
La especialista subrayó que el estrés postraumático genera estados depresivos aún más preocupantes que la situación que los provocó, y apuntó que los sectores más vulnerables de este fenómeno son los jóvenes y las mujeres.





