Por Elio Henríquez, corresponsal
San Cristóbal de Las Casas, Chis. Un día después de que el Papa Francisco bendijera la tumba del extinto obispo Samuel Ruiz García, que se encuentra en la catedral de San Cristóbal, cientos de personas desfilaron este martes para visitarla, rezar una oración y para tomarse fotografías.
“Todo mundo está preguntado dónde está la tumba de don Samuel”, comentó un joven que trabaja en la catedral y agregó que antes era visitado el sitio, pero desde hoy a las 9 horas en que fue reabierto al público el templo “está viviendo mucha más gente”.
Añadió que el lunes por la tarde, el Pontífice estuvo unos dos minutos para bendecir el sepulcro y hacer una oración, luego de lo cual saludó a familiares del j’Tatic (padre, en tzeltal), mientras un grupo de personas que había asistido al encuentro de enfermos y ancianos, coreaba: “Que viva don Samuel, obispo de los pobres”.
Comentó que poco después de tomar los alimentos con ocho indígenas y los obispos de San Cristóbal, Felipe Arizmendi Esquivel y Enrique Díaz Díaz, Francisco salió de la curia diocesana e ingresó a la catedral por una entrada interna, colocó flores e hizo una oración ante la imagen de la Inmaculada Concepción, antes de su encuentro con ancianos y enfermos.
Enseguida se dirigió a la parte posterior del altar, donde se encuentra la tumba de Ruiz García, fallecido en enero de 2011. Allí era esperado por Arizmendi Esquivel y Díaz Díaz, así como por el obispo de Saltillo, Raúl Vera López, además del sacerdote Heriberto Cruz Vera y familiares del j’Tatic, entre otros. “Se persignó y oró unos dos minutos”.
En la parte superior de la tumba, que forma parte de todo el conjunto del altar, está colocada una amplia fotografía de Ruiz García, en la que aparece con sotana oscura, con un báculo de madera y al lado una mitra con bordados regionales y sus datos biográficos.
En una placa colocada justo en la parte en la que está oculto el ataúd color madera, está inscrita la frase “Edificar para plantar el reino de justicia, de amor y de paz”, que pronunció en una de sus últimas homilías.
Para construir la tumba fue necesario solicitar autorización al Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) y “costó que diera permiso”, según ha relatado Arizmendi Esquivel.
En la misma tumba fueron colocados los restos de su inseparable hermana Luz María, fallecida seis años antes que él, y que hasta entonces permanecían en la cripta de la catedral, que se encuentra en un subterráneo.
La silla de madera en la que se sentó, elaborada por el carpintero Homero León, permanecía hoy frente al altar, por lo que muchas personas aprovecharon para tomarse imágenes junto a ella y después visitaban la tamba de Ruiz García.





