Luis Linares Zapata
El fenómeno sociológico y político se repite miles, tal vez millones de veces. Un grupo específico de la sociedad nacional –que ronda el 15 por ciento del total– emite y sostiene opiniones uniformes. Se iguala con la interesada opinión, incitada, originalmente, por renombrados opinócratas de la radio, televisión y el periodismo escrito. Incluso medios completos participan en la cotidiana tarea. Todos ellos comparten visiones, criterios y lo que, aseguran, son sus observaciones de la realidad.
Forman, entonces, un coro armónico que se agolpa en varias y variadas ciudades de México. En su exclusivo ambiente, sostienen, con gran seguridad y soberbia autoridad de guías encumbrados, su, al parecer, inapelable veredicto: la inseguridad y el crimen organizado campea a sus anchas en este país. Esta última palabra se acentúa para denostar cierto desprecio o ninguneo.
Hay necesidad de precisar, una vez más, que tal porción de la población nacional puede, en ocasiones, alcanzar números que rondan 20 por ciento del total. El número aumenta o disminuye con base en las cambiantes circunstancias que los condicionan. Desde cualquier perspectiva, dicho grupo es una muy importante porción ciudadana. Más aun cuando se le agregan otras especificidades, tales como nivel educativo o económico y modos de vida.
Agrupándolos, un tanto groseramente, diremos que pertenecen a las clases medias urbanas acomodadas. Lo significativo es que sus posturas son compartidas entre ellos hasta en los detalles. Dicen que el gobierno del presidente López Obrador, falló en su política anticrimen. Su lema: “Abrazos no balazos” fue un rotundo fracaso. Pero ahora, con Claudia Sheinbaum, parece que ha mejorado, conceden a continuación.
Y explican: tal, es el caso, porque hizo de lado tan endeble lema. Aun así, la inseguridad es el temor constante y generalizado entre la población, concluyen. Los asesinatos con arma de fuego crecen junto con todos los demás delitos, es por ello que desde fuera de México se emiten sentencias diciendo que aquí los cárteles de la droga controlan todo. Manejan al país, como asegura Donald Trump, o se les tiene miedo en la Presidencia.
Habría que insistir en que ese predicado como lema (abrazos no balazos) nunca fue registrado como el oficial. Se generalizó en la comunicación intencionada. Ante aseveraciones informales, lo importante es recurrir a la estadística de homicidios ocurridos durante la estrategia emprendida: formar y equipar policías capaces y atacar las causas de la violencia. A partir de los años 2018 y 19, los homicidios por cada 100 mil habitantes, que es una medida aceptada como válida e indicativa, llegan, por inercia, a sus mayores niveles de ocurrencia: 29 homicidios por cada 100 mil habitantes.
Una notable mortandad, ciertamente. Es a partir de esos terribles años desbocados (tendencia heredada del pasado con el panista Calderón), que los homicidios decrecen para situarse en 26 y 25, los años de 2024 y 2025. Habría qué añadir lo acontecido en el inmediato pasado, para una mejor y completa información de lo sucedido. Los homicidios, bajo la entonces responsabilidad del priísta Enrique Peña Nieto, fueron escalando con rapidez vertiginosa. Pasaron de 17 en 2015 a 20 en 2016 y 26 en el año 2017. Su política, apoyada por el silencio en los medios de comunicación para no publicar estadísticas alarmantes, fue, simplemente, un engaño colectivo. En medio de esa negativa, heredó su legado.
Es por tal razón que lo reportado en los primeros años de López Obrador llega a 29 homicidios por 100 mil habitantes. Eso sucedió entre 2018 y 2020. A partir de esos años, las cantidades de homicidios decrecen para situarse en 26 y 25, en 2024 y 2023. O los alcanzados en 2021 y 2022, que son de 28 y 26. Con lo cual se lleva a concluir, contrariando opiniones generalizadas de la opinocracia, que la estrategia y práctica contra el crimen fue, y sigue siendo, efectiva.
Pero, muchas veces, estas verdades poco cuentan ante la insistencia mediática y clasista de las personas opositoras a lo que representan los dos gobiernos sucesivos. Gobiernos firmemente apegados a los intereses populares. Pero lo destacable de este caso es la influencia ejercida sobre los núcleos poblacionales mencionados que, alineados en la defensa de intereses cupulares, distorsionan lo que viene sucediendo en la mejora de la paz y el bienestar ciudadano. Se ignora, desde la difusión, un hecho sobresaliente de gobierno, la creación de la Guardia Nacional.
Masivo instrumento que, junto con la atención a las causas, forma el núcleo de la estrategia de seguridad seguida por ambas administraciones. Es obligado observar otros indicadores –extorsión, robo o desapariciones– para completar correctamente la información necesaria. Con ellos se puede cimentar una correcta opinión.





