Luis Ricardo Guerrero Romero

La costumbre ya arraigada de ponerte a comer de forma frugal para mortificar tu cuerpo y darle fuerzas absurdas al “alma” otra vez te llegó, luego de darte cuenta de que, como otras veces tu trabajo no funcionaba según la planeación patética y “sabia” que programaste. Entonces, lo volviste a hacer, el pretexto era ese u otro, pero siempre una excusa para volver a verte con tu Yo del que no deseas escapar, insistes en que con tus dietas algo del mundo externo podrías resolver, pero, lo sabes, lo sabe tu madre, tus amigos, tus  hijos y tus amantes que, con tu desapego a una alimentación común, nunca has resuelto nada, y evidentemente, nada resolverás jamás.

Entonces aparecen esas sintomatologías periódicas en las que te escudas para nuevamente sentirte victimario del cosmos, como si tu vida, tus planes, tus sentimientos, tus aciertos y errores le importasen algo al universo. Bien sabes que no, pero hay algo en ese vicio de tus dietas a base de agua y queso que no te deja actuar, y luego, cuando ves a los demás comer con mesura tu ridícula frase: “ellos comen así, porque no saben lo que es tener problemas”. Problemas todos tenemos, dificultades para todos hay y sobran, “la respuesta del Hastío a todas nuestras preguntas es siempre la misma: éste es mundo manido” (Cioran, Breviario de los vencidos). Si el propio mundo nos fue heredado manoseado, usado, ¿qué aspiras resolver castigando tu cuerpo para alimentar a una “alma hipotética”?, que claro que es hipotética por la hipótesis, pero también por un drama hipotecado.

En tus acciones se descompone el tiempo, en tus dietas absurdas está carcomida la esperanza de cualquier aspiración, despiertas cada mañana y sigue siendo un verdadero milagro de un Dios homicida que disfruta el escarnio de tu fútil permanencia en tu creación intrigante, en tu historia desdichada. ¿Captas?

Las líneas anteriores quizá nos hablen de una dedicación a ese tú, que puede ser cualquiera, en donde el agua y el queso, pueden ser reemplazados por cualquier vicio, gusto, comodidad, entretenimiento, etcétera. Todo ser humano es proclive a claudicar del ejercicio de la razón, es otra cosa que debemos captar. Una manera de saber si captamos o no, es comenzar por saber qué demonios significa tal palabra. Es así como, sabemos que a partir del latín: capere (tomar) que en su acusativo captum, hereda y proyecta el captar: camptum> capto: tomo, atrapo, quito, despojo. En el italiano se ve de modo semejante en la voz: capisci (entiendes) pues lo que se entiende se aprende. En el español tenemos aparte otra orden de ideas al usar captar no sólo de sinónimo de entender, sino también como de contener algo: —la captación del pozo es mínima—. Mientras en el inglés la misma raíz y semántica se empatan en: catch (sujetar). Por definición captar es: “Percibir algo por medio de los sentidos o de la inteligencia”, de tal suerte que todo ser vivo es capaz de captar, aunque esté en duda que las plantas tengan inteligencia como tal, pero si perciben algo, y hacen algo con respecto a ese algo, ya están captando. Captar, asimismo, se emplea para obtener clientes, o para seducir, o sea, otro rasgo de nuestra animalidad, en donde algo o alguien se adueña de nuestra atención. Lo que se capta captura, pero nunca al revés.

l.ricardogromero@gmail.com

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