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Carlos López Torres

Sonriente, aunque desconcertado, el niño del municipio de Guadalcázar preguntó a quienes le ofrecían una manzana ¿esto qué es? La lacerante anécdota contada por Héctor D’Argence Villegas, director del Banco de Alimentos en la entidad, no es sino el botón de muestra de la realidad en la que viven entre 300 mil y 800 mil niños en el estado, según don Héctor, de la que mejor se prefiere no hablar, aunque el Día del Niño serán festejados nuestros infantes a quienes resultará cada vez más inalcanzable incluir la fruta en sus chatarrizadas dietas cotidianas, dada la tendencia al empobrecimiento del país y la sustitución de la alimentación nutritiva y saludable por golosinas.

Miles de niñas y niños como los de Guadalcázar en todo el país, han sido testigos mudos junto a sus padres sobre cómo de 2010 a 2014 no hubo mejoría alguna que cambiara la ancestral pobreza que les afecta, según datos de Coneval y la Unicef, institución de la ONU que una vez más constata que la Declaración Universal de los Derechos de los Niños no se cumple en México; igualito que en otras materias como ha sido patente en relación con el respeto a los derechos humanos, cuyas violaciones sistémicas van de escándalo en escándalo.

En San Luis Potosí entre 50 y 60 por ciento de los niños se sitúan en la pobreza y la pobreza extrema, respectivamente. Pero eso no es todo, según el diputado del Panal Rubén Magdaleno Contreras, 40 por ciento de las escuelas de educación básica se encuentran en condiciones de alta o muy alta marginación, más de 90 por ciento de las escuelas comunitarias e indígenas en el estado no han recibido apoyo para el mantenimiento de sus avejentadas construcciones durante 40 años como escuelas públicas.

En la Huasteca, donde encontramos los más altos índices de pobreza y marginación, especialmente entre las y los niños indígenas, los problemas de la salud infantil son graves dada la insuficiencia alimentaria y la contaminación de ríos y tierras que afectan las condiciones de higiene en casas y escuelas.

Más aún, la carencia de maestros bilingües y el bajo presupuesto destinado en la entidad a la educación indígena, así como el hecho de que la SEP mediante el Programa de Educación Inicial (PEI) del Consejo Nacional de Fomento Educativo (Conafe) vulnere tratados y convenios internacionales firmados por México que “velan y resguardan” los derechos de los pueblos originarios, ha provocado la pérdida de raíces entre los niños indígenas de cero a cinco años, según el informe del Centro de Investigaciones y Estudios Superiores de Antropología Social (Ciesas).

En las zonas urbanas del estado el grado de violencia alcanzado en la sociedad que impacta los hogares potosinos, se ha venido reflejando en graves problemas sicológicos y emocionales de nuestros niños, amén de los relacionados con el aprendizaje y el comportamiento en general de los festejados el Día del Niño, quienes junto con sus maestros a diario tienen que enfrentar las causas que, como la violencia, la mala alimentación y la contaminación los han hecho vulnerables, inclusive en sus derechos laborales, como es el caso de las y los profesores sujetos a recriminaciones y castigos por parte de la autoridad.