Édgar Buendía

En los últimos días este diario ha sido testigo de las diversas manifestaciones por parte de los señores taxistas. Desde los que amenazan con agredir el patrimonio de quien se preste para ofrecer el servicio, hasta legisladores como Desfassiux, quien dijo hace unos días que “lo dejaron solo” en contra de una mafia de 50 familias que controlan el taxismo en San Luis Potosí y, como no iba a tener el respaldo de sus compañeros, mejor decidió retirar la iniciativa.

Y sí, los menos escuchados son los que realmente serán usuarios de Uber. Aquellos que como todo ciudadano tienen la libertad de gastar su dinero en lo que mejor le apetezca, en donde el gobierno debería fomentar la competencia, y donde, bajo ninguna circunstancia, las amenazas y agresiones deberían ser admisibles.

Pero, en fin, más allá de la polémica vayamos poniendo en contexto el uso de la plataforma de Uber:

– La app sólo se ejecuta en dispositivos con sistema operativo IOS, Android, Windows y que cuenten versiones recientes.

– Es necesario contar con una tarjeta de crédito o una cuenta en la plataforma Paypal.

– Pagas por el servicio más que por el transporte.

– Es necesario contar con datos móviles libres para el uso de la aplicación.

– El precio se basa en la oferta y demanda, es decir, a mayor demanda, más alta será la tarifa y viceversa.

– El viaje mínimo es por 50 pesos con un máximo de cuatro personas.

– Se puede facturar su uso.

– Se califica de manera inmediata el servicio otorgado por el chofer Uber, con la finalidad de que el servicio sea meritorio.

Después de leer estos puntos, la pregunta que surge es: ¿realmente Uber llega para competir con los señores taxistas potosinos? Comparemos los puntos anteriores con los taxis potosinos:

– No existe una app que concentre a todos los taxistas registrados en la capital.

– Ninguna unidad de taxi cuenta con otra forma de pago más que efectivo (por cierto, debes llevar lo “exacto”)

– El costo de un trayecto dependerá en primera instancia del famoso “banderazo”, que básicamente es cobrarte una tarifa por hacer uso del servicio; el segundo costo dependerá de la distancia o tiempo de trayecto.

– No necesitas datos móviles para su uso.

– El precio de trayecto está regulado por la Secretaría de Comunicaciones y Transportes (SCT).

– No existe pago mínimo más que el antes mencionado “banderazo”.

– No se factura su uso

– El chofer debe estar plenamente identificado con su carnet, sin embargo, no existe un método para calificarlo.

¿Entonces, para quién es el servicio de Uber en la capital?

El servicio está dirigido a un sector que en San Luis Potosí se encuentra en el olvido y abandono: la Zona Industrial. Por increíble que parezca para algunos, dicho sector necesita y demanda servicios de alta calidad, que a su vez otorguen confianza y garantías a los usuarios.

Uber llegará a San Luis en busca de ese sector que hoy en día nadie atiende, ya sea por falta infraestructura o innovación local.

Así que señores taxistas, su chamba, créanme, está garantizada, ustedes seguirán atendiendo al usuario de a pie, el que necesita distancias cortas, el que tiene lo justo para ir de un lado a otro, el que no desea exigir un servicio digno.

Su sistema de cacicazgo y control cupular se enfrenta a lo que el escritor Moises Naim llama “la revolución del más”, donde hay más oferta de servicios, más usuarios, más accesibilidad, más tecnología, más de todo y, claro está, nadie puede controlarlo con instrumentos del siglo pasado.

Hoy su batalla es en contra de Uber, mañana será contra Cabify. Les pregunto señores líderes de taxistas, ¿por qué es más simple negar los derechos al consumidor que entrar al juego limpio de la innovación?

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