Merry MacMasters
La artista Dalia Monroy no se conforma con escuchar mientras pinta a un amplio repertorio de grandes voces femeninas, sino que ha recreado sus expresiones musicales particulares mediante sus lienzos. En Divas de la canción, exposición de 32 obras que aloja el Museo José Luis Cuevas, Monroy exhibe por primera vez la serie del mismo nombre que comprende retratos hechos muy a su manera, porque no se trata de imágenes realistas, sino de interpretaciones personales llenas de emotividad.
Su playlist pictórico incluye figuras como Ma Rainey, Edith Piaf, Ella Fitzgerald, Billie Holiday, Sarah Vaughan, Etta James, Omara Portuondo, Nina Simone, Aretha Franklin, Miriam Makeba y Cesária Évora. Algunas de las 14 divas representadas cuentan con más de un cuadro debido a la “relevancia de su aportación”. A todas las une una “lucha con visión social, el amor y el desamor”.
Monroy busca que las generaciones actuales conozcan la perspectiva de mujeres en tanto artistas; es decir, “su lucha ante las adversidades, incluso contra las adicciones. Por todo aquello, la igualdad, la libertad, su comunidad, para mí tenían una bandera bien puesta”.
Aficionada a la música desde niña –“me gusta todo, desde el son huasteco hasta lo clásico”–, la primera vez que integró ese arte y la danza en su obra fue en Dualidades y presencias, exposición montada en la Galería Metropolitana en 1990. Su serie pictórica en torno al danzón dejó en ella una “huella increíble”, ya que tuvo la oportunidad de llevar su producción a otros países. Después siguió Sonoridad imaginaria y cadenciosa, descrita como “festín de disciplinas, aunque todas se desprenden de las obras y las letras que la acompañan”.
Después de la Ciudad de México, Divas de la canción viajará al Museo Internacional del Barroco, en Puebla, donde se complementará con una parte inmersiva que, según la artista, ayudará mucho para llevar su obra fuera del país.
–¿Por qué cantantes famosas?
–Porque las escucho. Cuando oía danzón, iba con danzoneros que, además, asistían a mi casa a bailar. También acudía a los festivales; es decir, gozar el danzón. Me gusta compenetrarme con lo que hago. En el caso de las divas, es música que me acompaña al trabajar; además, son personas con las que comparto su búsqueda, su lucha por la libertad y el respeto. Si bien no ando con banderas o cosas radicales, tengo una manera particular de expresar mi sentir, porque las mujeres tenemos que hacer un doble esfuerzo para que se reconozca nuestro trabajo. No lo hago con sacrificio, sino con disfrute.
Formar y descomponer
El modo de pintar de Monroy es expresionista: “no me voy con el retrato, lo figurativo, del todo, sino que sugiero. Me gusta esta libertad de trazo que, por fortuna, aprendí con mi formación académica. Siempre nos decían: aprendan a formar y después a descomponer. Eso es importante: adquirir una narrativa, un discurso que me identifique.
“Mi color es de repente agresivo. Me preguntan: ‘¿cómo puedes combinar esto tan fuerte’. Es porque tengo esta libertad, lo mismo en mis trazos”.
Reconoce que su empleo del color equivale a “tocar unas percusiones muy fuerte o el piano en otros niveles. Lo hago con esa fuerza que disfruto de meter un color con otro sin temor. Esa es la libertad a la que me refiero, que puedo manejar la paleta que quiero. Eso es otro privilegio”.
Monroy pinta con acrílico. Aún tensa sus lienzos, sus lonas, y “solita les doy la imprimatura, veo cómo las muevo. Ni siquiera ocupo personas que me asistan. Todavía puedo hacerlo sola. Hasta eso disfruto. Cuando doy el primer toque con un dedo y suena mi lienzo. Toma ese sonido de que ya quedó con la imprimatura. Son increíbles ese sonido y ese cambio”.
A Monroy le falta pintar más divas: “Quiero llegar a 50. Ahora, presento 32. Quiero explorar más latinas. Ya pinté a Mercedes Sosa, pero no la incluyo en la exposición, porque sólo tengo un cuadro de ella. Me falta esa gran chica Amy Winehouse, también Janis Joplin. En fin, todavía hay tantas; sin embargo, me atraen las que tienen una visión especial. Actualmente, tenemos otros parámetros en la juventud para medir la calidad o disfrutarla. Cuando se desconoce lo que es la calidad en ejecución, en expresión, no tanto lo bonito, sino llegar al interior del ser; eso me gusta”.
Divas de la canción, exposición individual multidisciplinaria, permanecerá hasta el 2 de octubre en el Museo José Luis Cuevas (Academia 13, Centro Histórico).







