• Retórica enérgica se diluye
  • Anaya, Citlalli y EE UU
  • Harfuch y Los tres García

Julio Hernández López

Sujeta a diversas presiones provenientes de Estados Unidos, la presidenta Sheinbaum recibió ayer en Palacio Nacional al embajador injerencista Ronald Johnson, pero, al menos conforme a lo difundido ayer, no hubo un diálogo en solitario, cara a cara, sino con el exagente de la CIA al frente de representantes de la cámara estadunidense de negocios empresariales en México.

En todo caso, según la información oficial proporcionada hasta la noche del jueves, quien sí platicó con Johnson fue el secretario de Relaciones Exteriores. De este encuentro en particular, y del general con empresarios, se emitieron comunicados con referencias genéricas, plenas de los lugares comunes que pueden ser utilizados en cualquier circunstancia para no decir nada en concreto.

Es probable que las fotografías y comunicados oficiales de ayer sirvan para dar por zanjado el más reciente caso de injerencismo del gobierno de Estados Unidos en asuntos internos de México, en este caso la inversión y protagonismo en la colocación de la primera piedra de una presunta academia internacional de capacitación policiaca.

El tono directo de la primera denuncia presidencial, no necesariamente definible como rudo, se ha ido suavizando hasta parecer que todo podría quedar en un cierto desconocimiento de trámites burocráticos por parte del embajador boina verde y el gobernador panista de Querétaro, de tal manera que, al superarse ese mal entendimiento, se podría pasar la página o, en dado caso, estacionarla y procesarla en el amable pasillo de los requisitos a cumplir y ¿sanseacabó?

El episodio de Querétaro, como el de Chihuahua y la gobernadora también panista abriendo la puerta a la acción directa de la CIA, han ido diluyéndose sin mayor contundencia mexicana que la de la retórica inicial, luego diluida, acaso útil para menesteres electorales.

Conviene tener presente que incluso desde flancos de la 4T se ha mencionado el intenso condicionamiento que está ejerciendo Washington contra el gobierno mexicano. El dirigente real del Partido del Trabajo, Alberto Anaya, ha atribuido las aparentemente inexplicables pifias en la designación de “coordinaturas” a presión de los gringos. Y la dirigente guinda Citlalli Hernández, al negar que exista tal coacción del vecino, llamó a mantener unidad y altura de miras por “las amenazas que vienen frente al próximo proceso electoral”, en un momento en que “la presidenta Sheinbaum ha demostrado este equilibrio difícil entre la cooperación, la negociación y la defensa de la soberanía”.

Poco tiempo duró en cartelera la pretensión comercial del partido de las cuatro mentiras (PVEM) de proyectar la versión electoral de un Pedro Infante convertido en candidato presidencial 2030 en la persona del máximo jefe policiaco nacional, Omar García Harfuch.

La cinta futurista no sería “Los tres García” (el difunto general secretario García Barragán, el también fallecido exjefe de la policía política García Paniagua y el actual secretario federal de seguridad, García Harfuch) sino, en dado caso, una alegre película de aventuras electorales con un actor principal laureado en agencias de Estados Unidos, actores de reparto (de presupuesto y cargos) y un siempre exitoso guionista de estos negocios, Manuel Velasco.

La propia presidenta Sheinbaum hubo de atajar la tentativa de rodaje, al precisar en su conferencia matutina de prensa que ni el aludido ni el resto de los integrantes de su gabinete están pensando en las elecciones de 2030 y que, en todo caso, lo dicho por el verde Velasco es “grilla” partidista.

Ya antes mencionado como un Batman mexicano, el primer (f)actor policiaco del país agradeció al verde Velasco las palabras amables hacia el trabajo en la secretaría de seguridad pública, dijo que no puede tener una “agenda paralela” porque sería una “falta de respeto de mi parte para las víctimas” y los policías federales. Y, sin embargo, se mueve. Así que esta historia continuará. ¡Hasta el próximo lunes!

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