Daniel López Aguilar

Cinco mujeres se inclinan, se retuercen, se abrazan y se desploman. Sus vestidos se agitan con cada movimiento. Por momentos parecen compartir una misma respiración; en otros, cada cuerpo reclama su espacio.

Con gestos de rabia, ternura y resistencia, Maldonne, de la coreógrafa francesa Leïla Ka, exploró ayer en el Teatro Principal las identidades femeninas, como parte de la edición 54 del Festival Internacional Cervantino (FIC).

No hacen falta palabras para contar lo que ocurre sobre el escenario. Las bailarinas alternan sacudidas, saltos y caídas con instantes de quietud. Un brazo que se eleva, una mano que busca otra, una mirada que se desvía: la delicadeza da paso, de pronto, a una explosión de energía.

Atentos a los movimientos veloces, fotógrafos y reporteros mantenían sus cámaras dirigidas al escenario. Cada cambio de posición ofrecía nuevas oportunidades para captar la fuerza y coordinación de las bailarinas.

Cuarenta vestidos de colores, texturas y formas acompañan la obra. Las telas se agitan, se extienden y adquieren protagonismo cuando las artistas juegan con ellas. La ropa deja de ser un elemento decorativo para formar parte de la danza.

En uno de los pasajes, las intérpretes aparecen alineadas y llevan las manos hacia el rostro. Inclinan la cabeza casi al mismo tiempo, antes de introducir pequeñas variaciones en sus posturas. La uniformidad desaparece cuando cada una comienza a moverse de manera distinta.

Después se dispersan, vuelven a reunirse y parecen enfrentarse. Los rostros se contraen, los brazos se extienden y los pasos se aceleran. Hay momentos en los que las acciones parecen un juego; en otros, adquieren una fuerza que recuerda la confrontación.

La obra también invita a reflexionar sobre la violencia que enfrentan las mujeres. Algunos ademanes pueden sugerir sometimiento, mientras otros parecen reclamar libertad. Sin una narración lineal, la coreografía admite distintas lecturas.

El humor tampoco falta. Las protagonistas intercambian miradas, exageran sus expresiones y juegan unas con otras. Estos momentos ofrecen un respiro después de los episodios de mayor intensidad.

Los cambios de vestuario incluyen prendas cotidianas, diseños de elegancia nocturna y un vestido nupcial. Cada atuendo ofrece una apariencia distinta y remite a situaciones que pueden recordar etapas de la vida.

A veces parecen actuar como una persona; después, cada cual recupera su ritmo. En otros momentos se acercan y comparten acciones coordinadas, en una relación que puede evocar sororidad y apoyo mutuo.

La música acompaña los cambios de ritmo. Hay pasajes rápidos y otros en los que las artistas permanecen casi inmóviles. Las figuras se reúnen, cambian de posición y vuelven a organizarse sobre el escenario.

Leïla Ka comenzó su trayectoria en el baile urbano a los 16 años, sin formación académica previa.

Más adelante fue seleccionada por la coreógrafa Maguy Marin para participar en May B, experiencia que antecedió a sus primeras creaciones.

Sus trabajos se han presentado en más de 20 países. Maldonne, su cuarta producción, recibió una nominación al Premio Internacional de Danza de Sadler’s Wells, en Londres.

La participación de la compañía francesa forma parte de la programación del Cervantino, con Francia como país invitado de honor en el año del bicentenario de las relaciones diplomáticas con México.

La función congregó a un público numeroso en el Teatro Principal. Al término, un periodista que presenció la obra comentó: “Me dan ganas de marcarle a mi mamá y decirle que la amo”.

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