Jaime Nava

El domingo primero de mayo, Rick, Steve y dos amigos más tuvieron que suspender su viaje y regresar con miedo a su país luego de que, sin ninguna explicación, fueron detenidos, intimidados, registrados y extorsionados por la policía de la ciudad de México cuando se dirigían a un casino en donde pretendían divertirse y del cual, al salir, se dieron cuenta de que podrían ser víctimas de un secuestro al escuchar que un valet parking avisaba por celular que los cuatro amigos se estaban yendo del lugar.

Tres de los cuatro estadunidenses, profesionistas y menores de 30 años, llegaron a la ciudad de México el sábado 30 de abril, mientras que Rick lo hizo tres días antes, según relató en entrevista con La Jornada San Luis. “Nuestro gran plan era ver el partido del América contra el Monterrey en el estadio Azteca y disfrutar de la ciudad”, dijo Rick.

El domingo en la noche, en seguida de cenar en un restaurante de la colonia Roma, los cuatro amigos pidieron un Uber para que los llevara al casino Life de la avenida Insurgentes. Cerca de un kilómetro antes de llegar a su destino, entretanto esperaban que la luz del semáforo cambiara a verde, una patrulla de la policía capitalina se colocó a un lado del coche que los transportaba y comenzó a observarlos. “No íbamos haciendo nada malo, nada de alcohol ni drogas”, aseguró Steve.

La policía los siguió e instantes después les indicó que se detuvieran. Desde el interior del Uber vieron cómo los policías se acercaban con los dedos en los gatillos de sus armas, “deliberadamente intentaban asustarnos, fue muy intimidante”, narró Rick. El momento se volvió más tenso para los cuatro amigos cuando uno de los policías les ordenó que bajaran del automóvil al tiempo que el chofer de Uber les pedía que no descendieran del vehículo.

“No sabía qué hacer, había un poli con una metralleta ordenando algo y el de Uber daba una orden en contra. Los cuatro salimos del carro después de un poco de confusión”, explicó Steve.

A decir de los entrevistados, tras bajar del coche fueron cacheados “al extremo” y además de ser tocados “por completo” se les preguntó si portaban o habían consumido alguna droga, igualmente los policías les cuestionaron “insistentemente” todos los detalles relacionados con su viaje y, en específico, sobre sus planes para esa noche. “Nos preguntaron en qué parte de la ciudad nos hospedábamos, hacia dónde nos dirigíamos y de dónde veníamos”, detalló Rick.

Como Steve habla un poco de español, los policías lo separaron del resto y se dirigieron con él para “arreglar” las cosas. Les ofreció 200 pesos; sin embargo, los oficiales rechazaron la oferta y le pidieron dos mil pesos porque, consideró Steve, al revisarlos se dieron cuenta de la cantidad de dinero que sumaban entre todos. Mientras él negociaba con los policías, unas mujeres jóvenes, que se encontraban en el segundo piso de un edificio justo encima de ellos, observaban lo que ocurría y comenzaron a gritarles:

–¿Está todo bien?

–No lo sé, eso creo. Nos detuvieron y nos están revisando mucho. No sabemos qué hacer– respondió Rick

–¿Por qué los detuvieron? ¿Hicieron algo?

–No hicimos nada, nuestro Uber nos estaba llevando a un casino. ¿Qué podemos hacer?

–Ya no pueden hacer nada, pero vamos a estar observando para atestiguar y con suerte no les harán nada malo. Seguido ellos detienen personas y les plantan drogas para meterlos en problemas y obligarlos a que les paguen. O puede ser peor– advirtieron las jóvenes.

Al darse cuenta de la atención recibida los agentes finalmente aceptaron recibir 500 pesos unas cuadras más adelante “para evitar ser vistos” y los dejaron continuar su camino hacia el casino. “En ese momento de la noche pensamos que ya todo se había terminado. Uno escucha historias sobre la corrupción de policías mexicanos y asumimos que se trataba de una más”, expresó Rick

“Después de eso llegamos al casino y nada más queríamos olvidar todo. Empezamos a jugar blackjack por una hora y media aproximadamente”, dijo Steve y contó que cuando decidieron dejar el casino pidieron un UberXL, y al salir vio que un empleado del valet parking sacó de su pantalón un iPhone seis con un número ya marcado y le escuchó decir “ya se van los gringos”.

“Nos subimos al Uber y el conductor tenía cara de cómo si hubiera visto un fantasma. Otro compañero dijo lo que escuchamos y todos nos asustamos. En el camino de regreso al lugar donde dormiríamos nos siguió una patrulla durante tres minutos. Nos dejaron de seguir como cinco cuadras antes de nuestro destino”, refirió Steve.

Los jóvenes llamaron a la embajada de Estados Unidos para pedir ayuda, las autoridades de su país les pidieron que no extendieran su estancia en México más de lo necesario y, de ser posible, regresaran a primera hora de la mañana, ya que les aseguraron que en el lugar donde pasarían la noche no corrían ningún peligro. A pesar de ello, confesó Rick, no durmieron bien esa noche. “En el mejor caso los dos eventos no tenían conexión, en el peor, los dos sí guardaban relación y estábamos marcados para ser víctimas de un secuestro o robarnos más dinero”,

Rick y sus amigos decidieron no informar lo sucedido a ninguna autoridad mexicana, para no “correr el riesgo” de informarles su ubicación, tras realizar una búsqueda en Internet y leer notas e informes sobre acuerdos entre mandos policiacos y bandas de secuestradores. “Tuvimos miedo de la policía mexicana por ser tan corrupta”, añadió.

Para este grupo de amigos viajeros lo acontecido “empañó” la imagen que tenían de la ciudad y de México en general, ya que en años anteriores habían visitado otras ciudades de México y Latinoamérica, como Nicaragua, sin experimentar nada similar y sin llegar a sentir tanto temor como aquella noche. “Después del primer encuentro con la policía nos sentimos nerviosos y ansiosos, pero la llamada hecha por el valet del casino Life nos dio mucho miedo”, admitió Rick.

“Siempre había pensado que México era un país hermoso. Todo el mundo ha oído hablar de la corrupción en México, no obstante, teníamos la impresión de que las cosas habían mejorado. Y estoy seguro de que han mejorado desde hace muchos años, pero es obvio que no es seguro todavía”, comentó Rick, quien finalmente dijo que su familia le prohibió regresar a México y, al conocer su historia, algunos amigos no piensan volver al país jamás.

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