Renata Terrazas*

Esta semana fuimos testigos de un duro revés a la democracia en la capital del país. La Asamblea Legislativa del Distrito Federal (ALDF), el órgano legislativo de la Ciudad de México, con el voto de todos los asambleístas del PAN y PRD, y algunos del PRI, decidió poner freno a la figura de alcaldías abiertas.

Con esta decisión y ante el terror de abrirse al escrutinio público, las élites políticas de una ciudad que cada día se torna menos democrática, menos garante de derechos, más desigual y más peligrosa, decidieron continuar gobernando con el llamado carro completo.

Ante la oportunidad de abrir la contienda electoral en la CDMX a un sistema más justo donde el voto de la ciudadanía cuente y donde se obligue a la rendición de cuentas de nuestros representantes, los partidos optaron por mantener un esquema de voto bajo la lógica de la concentración de poder.

El sistema electoral aprobado permitirá que los futuros alcaldes lleguen al poder con seis de los diez concejales como parte de su propia planilla. Es decir, la posibilidad de los concejales de fungir como contrapeso al poder será disminuida dado el número minoritario al que puede acceder la oposición o actores más cercanos a la ciudadanía.

El miedo de una clase gobernante que lleva años haciendo mal su papel se evidencia ante la cerrazón de los espacios para una participación ciudadana política más activa. Ante el terror de verse observados, prefieren meter mecanismos retrógrados, contrarios a los de una verdadera democracia.

De cara a este evento de enanismo político observamos a una clase política jalisciense que aprueba la iniciativa sobre la reducción al financiamiento público a los partidos políticos. Esta misma semana se aprobó una iniciativa promovida por el legislador independiente Pedro Kumamoto, la cual fue apoyada por un gran sector ciudadano que ha llegado al límite de la paciencia y se ha sumado a una exigencia ciudadana.

Es de lamentar que, por el contrario, en la capital del país fuimos testigos de un verdadero provincialismo tanto por la actitud de la Asamblea como por la falta de apoyo de un sector más amplio a esta medida. La sociedad chilanga parece no entender lo que ha estado en juego en la CDMX desde las discusiones de la Constitución y la posibilidad de construir otras formas de gobierno local, más democráticas, más ciudadanas.

Algunas lecciones debemos extraer de estos procesos, en primer lugar, la necesidad de empujar medidas democratizadoras del poder que apuntalen la necesidad de hacer rendir cuentas a las autoridades; en segundo lugar, la importancia de sumar voces, voluntades y acciones por parte de la sociedad para defender otras formas de hacer política donde se privilegie el bien común y se pongan candados a la avaricia de los partidos políticos; por último, es importante comenzar a darles lecciones a aquellos que legislan contra la ciudadanía. Debemos recordar que los mismos partidos que votaron contra la apertura de las alcaldías, nos pedirán nuestro voto en 2018.

* Investigadora de Fundar, Centro de Análisis e Investigación

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