Ignacio Betancourt
Frente a las elecciones del próximo año el PRI ha decidido realizar algunos “cambios” en su proceder, y aunque parezca increíble tales cambios sólo consisten en modificar la imagen del presidente Peña Nieto en el contexto de la difusión mediática. Tan no entienden la realidad del país que lo mejor que se les pudo ocurrir fue sólo un cambio en la imagen de uno de los principales responsables de los perjuicios que actualmente padece la sociedad mexicana. Cuando un país se reduce a los gestos que el presidente luce ante sus interlocutores, muestra una transparente idea de la degradación del mismo.
Justamente un cambio en donde menos importa pues en lugar de tratar de enmendar alguno de los múltiples problemas que agobian a la población, lo mejor que pueden ofrecer es una indignante modificación en la subliminal (y descarada) propaganda mediática del peor gobernante de los últimos años. En esa lamentable dimensión del actuar gubernamental anida su verdadero rostro: que el presidente sonría rodeado de sus víctimas (multiplicado en la reiterada desmesura de una burla que pasa del desprecio a la provocación). En tan lamentables demostraciones de incapacidad puede entenderse a plenitud su idea del cambio. ¿Qué grado de desesperación disfuncional los arrastra al peor de los ridículos? Nunca más cierto aquello de que la impunidad vuelve idiotas a los impunes.
En lugar de intentar un cambio en el comportamiento cotidiano de miles de funcionarios priístas, o la elaboración de leyes menos corruptas, solamente alcanzan a imaginar como solución a una crisis estructural la restauración mediática de alguien increíblemente desprestigiado y cuyos máximos logros son sus paradigmáticas torpezas. No obstante la desmesura del intento, ahora han decidido convertir al primer priísta del país en una “buena persona” haciéndolo aparecer sonriendo cerca de niños y niñas y ancianos y minusválidos, y en cientos de miles de páginas la cara sonriente del principal depredador del país invade a los consumidores de periódicos impresos, y por todos los canales de televisión la misma imagen repetida al infinito que como burla sangrienta le llena el buche de piedritas a la población vulnerada. Con tan sesuda estrategia el partido que soporta entre sus miembros a los peores mexicanos intenta convencer a los ofendidos de las bondades de sus depredadores. ¿En qué planeta podrán creer sus habitantes al ladrón que grita “agarren al ladrón”?
¿Será esa la manera en como piensan revertir el rechazo generalizado de una población cansada de esperar que la demagogia cumpla alguna vez sus ofrecimientos? Cuando desde el propio gobierno se vulnera descaradamente el artículo 134 de la Constitución que (se supone nos rige) el cual de manera explícita señala: “En ningún caso esta propaganda [la política] incluirá nombres, imágenes, voces o símbolos que impliquen promoción personalizada de cualquier servidor público”. La única sonrisa que el partido en el poder jamás podrá utilizar es aquella que se exprese en la satisfacción del deber cumplido (a menos que el deber sea robar o matar).




