Luis Ricardo Guerrero Romero

En la mitad de la cama, justo después de la medida donde acaban las rodillas, en la esquina de la habitación, donde pueden llegar las pesadillas con los katolikos ophis, en la casa de madera, o en el polímero escondite, y en otras veces ya en el palpitante órgano, vigilia con esperanza y paciencia. Pero también los hay los que en peceras burbujean la amistad, los que, entre cercas, pasto y tierra braman a los dioses por su estrecha conexión. Evidentemente, nos referimos a las mascotas: terrestres, acuáticas, anfibios, voladores (sin vuelo), y un largo etcétera, aquellos héroes con hambre.

El joven Zimmer creció cerca de la casa de mis padres, y tuvo un vínculo extraordinario con los animales, los hizo sus héroes, la mayoría de los chicos con los que convivió lo tachó de loco, de fantasioso, de excéntrico, le llamaron desviado mental porque asumió que los animales son la forma de la quintaesencia humana, los animales-mascotas son los héroes y heroínas —también en estas especies al paso que vamos se deberá reconocer, hay machos, y hembras de preferencias distintas. Habrá perros cisgénero, y perras transgénero—. Zimmer nunca me lo dijo, pero a él sólo le importó citar que las mascotas son el arquetipo de héroe.

Por mi parte, yo sólo recordaba que muchos héroes de la mercadotecnia parecen no ser humanos, parecen no tener necesidades fisiológicas, por ejemplo, el hambre que es una de ellas. Dice la sabiduría oriental que el hambre no es una necesidad, sino un vacío, que ese vacío es consecuencia de nuestra mortandad. Pero el animal existe completo de una vez y para siempre, afortunadamente, éstos, no saben, ni creen, ni piensan que morirán, son héroes porque hoy es hoy para ellos, y así lo viven a nuestro lado, “sin tener horario para hacer la siesta” canta Alberto Cortez. Esos son los héroes, pues los reconocemos por sus hazañas y virtudes, los mortales no entendemos su lenguaje, pero entre los héroes y heroínas, pueden graznar y cantar, entender-se, porque hasta sus movimientos y olores ofrecen información a sus pares sobrehumanos. ¿Oh Zimmer, cuánto le queda por saber al hombre, que desgasta su mente en banalidades mientras sus héroes galopan, corren, nadan y se arrastran para hacer que el mundo gire?

Para los depredadores, los villanos, la historia de Zimmer es una tontería, defender la vida animal aseguran es pura vanidad, porque para muchos una hormiga no significa nada ante todo el universo, ojalá eso piense Dios sobre ellos, pero a veces hay que perdonar los pecados de Dios.

Los héroes y heroínas son un tema antiquísimo, siempre vistos como algo superior, por eso no tienen hambre, pero los animales son como se cita en el relato, la quintaesencia de otro plano, aunque finalmente el hombre es un animal, según esto, un animal de naturaleza racional, pero somos más emocionales que pensantes.

La palabra héroe fue acuñada desde el lenguaje helénico: ηρως (ηρως> ηρως>ηρω: Hero); para luego el latín recuperarla como: heroem, acusativo de heros, lo que dio vida a nuestro sustantivo héroe o heroína. Reconocemos pues, este concepto como aquel ser de habilidades superiores a las nuestras y que, es capaz proteger, un semidios. Probablemente se exagera en la analogía animal-héroe, pero, qué importa, ultimadamente, ¿en qué asunto el animal racional no ha exagerado?

l.ricardogromero@gmail.com

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