Luis Ricardo Guerrero Romero
Ni las aves lo saben, ni los coches, ni las calles. Nadie, sólo tú y yo descubrimos qué es lo que es lo nos circunscribe. Las mascotas más nobles están de pleno, aunque desconozcan que lo están, y los aparatos más inteligentes no lo descubren. Nada, nadie sabe, conoce o entienden sobre sí. Incluso me atrevo a pensar y a lamentablemente experimento que, hay humanos que tampoco lo conocen. Decir su nombre es prestarle terreno en la existencia, pero un perro no sabe que es llamado así, una piedra lo desconoce, tal como lo ignora un elote; sólo el hombre dice o designa lo que es o lo que ya no es, únicamente el hombre se entiende en sus propias falacias existenciales. Es el espíritu de la conciencia, es el despertar de algo que nunca durmió, o bien de eso que está presente en la opacidad de nuestra esencia, es desde luego la conciencia de esto o de lo otro, pero la conciencia.
Dicen las lecturas más o menos estudiadas que pueden contarse 7 conciencias: la conciencia del cuerpo físico, la conciencia de la emoción, conciencia de la inteligencia, conciencia de la intuición, conciencia de la espiritualidad, la conciencia de la voluntad, y aquella conciencia de la vida. Sumaria la conciencia de la inconciencia, la que siempre está viva en un osario de nuestra humanidad.
Pero, ya deshecha la anterior teoría, la única cosa que me importa, es ver algún deporte, alguna serie en Netflix, o bien buscar recetas en redes sociales, eso me hace sentir prácticamente consciente, aunque lejano a la realidad, al fin de cuentas, la conciencia parece no ser de este mundo inconsistente, inconsciente, insustancial.
La conciencia o hablar sobre la conciencia sería muy extenso, sería inconsciente de mi parte no exponer tantas teorías y propuestas que se han dicho sobre el tema, así que, pido disculpas a los filósofos, antropólogos, sociólogos, pedagogos, diseñadores, técnicos de oficios que despiertan la conciencia, disculpas a los músicos y cocineros, y algunos psicólogos. Pero el momento que aquí se presta es para hablar sobre la conciencia en su estructura morfológica y semántica.
Tal palabra se rastrea de modo directo de la voz latina: conscientia, estar con los cinco sentidos, a veces dispuestos a elegir entre una y mil cosas para saber bien. Aunque no se sabe qué es saber bien, que es saber mal, pues esto sólo es a partir de lo consciente que sea la persona. Por eso el texto que nos precede nos indicó, nada y nadie en la tierra sabe es consciente de sí, sólo el hombre lo sabe, puesto que ni Dios ha de saber su nombre, ni la omnipotencia que en conciencia o inconciencia se le ha otorgado.
Es muy inconsciente que hasta aquí deje la disertación de la conciencia, pues es un tema sumamente amplio, sin embargo, en conciencia sé que pronto lo retomaré.





