Carlos López Torres

Sorpresas que da la vida. Cuando uno esperaba que el tradicional buen comportamiento de las y los potosinos, que tantas alabanzas ha cosechado de parte de gobernantes y prelados, fuera algún día recompensada, resulta al final de cuentas que unos y otros, faraones y eméritos, han incumplido impunemente con sus respectivos cometidos al defraudar a sus ovejas y representados, respectivamente.

Unos, los faraones de la alternancia pactada con barniz democrático con dedicatoria a los incrédulos electores, han resultado todo un fiasco como gobernantes representativos del bipartidismo gatopardista, no obstante sus promesas de renovación y la inclusión de personajes relacionados con las luchas cívicas del pasado.

Otros, los dos arzobispos eméritos antecesores de monseñor Cabrero Romero, como relevantes practicantes del laissez faire, laissez passer de la pederastia clerical, acabaron por desalentar la religiosidad de los creyentes potosinos merced a su actitud omisa muy parecida o igual a la de los faraones de los dos últimos sexenios de la decantada “estabilidad” potosina.

Y ya que hablamos de similitudes, no deja de ser notable el temor a la transparencia una y otra vez profesada por los omisos personajes en cuestión, no obstante el llamado papal en particular a los dignatarios, cuando el Papa Francisco los conmina a que “no tengan miedo a la transparencia. La Iglesia no necesita de la oscuridad para trabajar…”

Los faraones, específicamente quienes presidieron la titularidad del Ejecutivo en las dos últimas administraciones de triste memoria para los potosinos, abusaron “…de los bienes que han sido dados para todos…”, según otra declaración de Francisco que vive en Roma, sin que hasta ahora el sucesor de ambos tenga éxito para fincarles responsabilidades que impidan la impunidad en el caso de Marcelo de los Santos, o bien se atreva a investigar los oscuros manejos y subejercicios o “economía” en el Fondo de Aportaciones para la Seguridad Pública, llevados a cabo sospechosamente por Fernando Toranzo Fernández durante toda su pésima administración.

Y como los malos ejemplos cunden, otros dos aspirantes a faraones de esta sufrida entidad de las tunas, quienes vieron cortadas sus aspiraciones de llegar a la cúspide de la pirámide del poder local, dada la intervención faraónica del eterno impulsor de faraones ciudadanos del tricolor, también usaron y se fueron sobre los bienes que aportamos quienes pagamos impuestos y contribuciones al municipio capitalino, para dejar arcas vacías en el ayuntamiento que han causado el inicio de un calvario a sus habitantes, que no ven la suya en este valle de la resignación, dada la impunidad reinante.

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